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Por un lado, los laboratorios avisan no estar autorizados por el gobierno a hacer pruebas de detección de Covid-19, pero, por el otro lado, el vocero del gobierno para la pandemia informa que es mejor que se infecten 100 niños a que se infecte un niño.

Todo es muy estrambótico en la manera en la que esta administración aborda la pandemia: sin contar las recomendaciones del presidente de usar talismanes para detener al virus, o de besarse y abrazarse, porque “esta situación no es de gravedad”.

La estrategia del gobierno de minimizar el peligro pareciera que busca evitar la alarma entre sus gobernados. Pero es una estrategia absolutamente aldeana porque se trata de una pandemia mundial en un mundo globalizado e intensamente conectado.

Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud fue contundente ayer en su reclamo a los gobiernos de todos los países para que realicen pruebas de Covid-19 a sus ciudadanos, para que la pandemia no se les salga de control, como a Italia y España.

“No podemos combatir un incendio con los ojos vendados”, advirtió la OMS para ilustrar la importancia de las pruebas para saber dónde está el virus. Sin embargo, el vocero mexicano para la pandemia asegura que las pruebas son irrelevantes.

“De nada sirve saber si se es o no positivo de Covid-19 porque la enfermedad se cura sola y es el mismo tratamiento para todos, sólo se requiere aislamiento”, indica el encargado del presidente de México para atender la pandemia.

Es decir: México dice todo lo contrario de la OMS, en lo que se asemeja más a una vocación de abismo y de administrar entre el caos político y social, que a regirse por las estructuras científicas aceptadas por la comunidad mundial.

Incluso, la OMS ha probado que los enfermos curados pueden volver a contagiarse, ya que el haberse enfermado y sobrevivido no los hace inmunes al Covid-19, por lo que recomienda “aislar a los recuperados por 15 días”.

Aunque aquí el encargado para atender la pandemia, explica que “sería mejor que el presidente padeciera coronavirus, porque lo más probable es que él en lo individual, como la mayoría de las personas, se va a recuperar espontáneamente”.

Y, ayer por la tarde, pese a las recomendaciones de sana distancia (un metro) o distanciamiento social (quedarse en casa) por el Covid-19, el presidente encabezó un acto oficial al que acudieron miles de nuevos guardias nacionales y sus familiares.

Con todo esto, lo único que está demostrando la 4T es que, al enfrentar la mayor pandemia mundial en 102 años (desde la Influenza Española, 1918), no se ha comportado a la altura de las circunstancias.

Porque, sí: la picaresca da risa hoy.

Pero provoca lagrimas mañana.