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Internacional Radar Latam 360 presenta las noticias más importantes de este 15 de abril
Estas son las cinco noticias principales de América Latina y las tres claves internacionales para estar bien informado, con Radar Latam 360
Internacional Segunda plaza en disputa en Perú: una definición voto a voto en una de las contiendas más estrechas de la historia reciente
Con el 90.6% de las actas escrutadas, la primera vuelta de las elecciones en Perú se encamina a un desenlace muy ajustado para una primera vuelta
Nacional Tec de Monterrey convoca a estudiantes al certamen de escritura creativa LuchaLibro Tec 2026
El LuchaLibro Tec 2026 busca fomentar la escritura creativa entre estudiantes de preparatoria. Su gran final será en la Feria del Libro de Monterrey
Economía y Finanzas EE.UU. ordena liquidación de CIBanco por lavado de dinero
El Departamento del Tesoro de EE.UU. enmendó una orden para prohibir ciertas transferencias de fondos que involucren a CIBanco
Internacional EE.UU. envía miles de soldados más a Medio Oriente, mientras Trump ve cerca el fin de la guerra
Se espera que cuatro mil 200 soldados lleguen a finales de abril a Medio Oriente, según apuntó The Washington Post

Es muy fácil comprender que el futbol sea el más popular deporte en el mundo. Su práctica requiere de mínimos recursos. De hecho, solamente la pelota y los jugadores. Ni redes, tableros, canastas, raquetas, cascos, caretas, albercas, guantes, bates o sables.

Se juega en los lugares más humildes: en las favelas de Río, los barrios pobres de México, cualquier parque de Alemania o Inglaterra, las Coreas o Rusia, y más recientemente en las escuelas secundarias de los Estados Unidos. En los llanos o en las poco frecuentadas calles de todo el mundo, se colocan dos piedras (eventualmente dos chaquetas de los jugadores) para marcar cada una de las porterías y a jugar.

Los mercaderes del deporte entendieron desde 1970 la trascendencia realmente universal del deporte de las patadas. Y su potencial generador de enormes ganancias. De ahí también que la FIFA, autoridad mundial de esa disciplina, haya sido sede de escándalos de corrupción. De los que no escapará el actual mandamás Gianni Infantino, que fue a entregarle a Donald Trump un inventado premio FIFA de la Paz, que tanto anhelaba.

Este año se celebra, como cada cuatro por ahora, la Copa del Mundo. Nuevamente se va a realizar en América del Norte: Estados Unidos, Canadá y México. Para Estados Unidos será su segunda copa; para México, la tercera. Es muy diferente de las anteriores por la codicia evidente, que ha convertido el deporte de los jodidos en un espectáculo caro para disfrute de los ricos. Para comenzar, se amplía el número de países participantes en la etapa final, con lo que exponencialmente crece el número de eventos generadores de ingresos. Está bien, hay más juegos.

Sin embargo, los precios anunciados por la FIFA en su oportunidad son estratosféricos. De salida, lo que se llama face price, o lo que dice el boleto que cuesta, se disparó para los mejores asientos de los mejores partidos a las decenas de miles de dólares; con el cuento de que la entrada incluye —en ciertas categorías VIP— acceso a alimentos y bebidas que la raza de bronce estaba acostumbrada a pedir en el Azteca, al cervecero. El precio real siempre se incrementa por la reventa.

A ese panal de rica miel acudieron muchas moscas. Las aerolíneas que vuelan a las ciudades sedes, para empezar. Los hoteles y prestadores de servicios turísticos, para seguir. Luego, los aeropuertos que le quieren sacar rajada al TUA en la temporada. Finalmente, los gobiernos, como el del mentiroso charlatán Samuel García en Monterrey, que con el pretexto del Mundial ha emprendido obras de relumbrón que de ninguna manera va a terminar.

Nunca pensé que me vería en la situación de pedir tarjeta roja para el futbol. Pero es que las faltas acumuladas, sin tarjeta amarilla de ningún lado, son muchas.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Con la entrega de los Golden Globes a lo que consideran lo mejor de la producción audiovisual en Beverly Hills, ha comenzado la serie de premiaciones al espectáculo, que no son más que trucos de mercadotecnia de las casas productoras para reavivar el interés en sus productos y sacarle un poco más a la taquilla. O, en el tiempo actual de las plataformas, a las suscripciones de clientes.

De aquí en adelante vendrán los Goya, que son españolamente locales, así como los BAFTA, que son la versión inglesa de los Óscar, y luego la entrega de estos mismos tan vituperados premios. Es que se les ve el sospechoso lodo en las botas.

De todas maneras, la premiación al espectáculo resulta un espectáculo en sí mismo, con las nominaciones, las especulaciones, la alfombra roja y un par de desafortunados conductores que suelen regarla en la ceremonia final.

En esta época de tan abundantes malas y amenazantes noticias, reconforta —yo diría distrae— la posibilidad de que alguno de nuestros paisanos reciba consideraciones y reconocimientos internacionales. Aun si, como en el caso más reciente de Miss Universo, resulten detonadores de cosas más serias.

Para mi gusto, Guillermo del Toro va a resultar ganador en los premios Óscar. Su película Frankenstein, además de constituir una mirada fresca a un mito viejo, es a mi juicio una obra maestra. Su libreto, dirección, cinematografía, vestuario y actuaciones merecen varios premios. Digo.