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El cuarto párrafo de la nota difundida ayer en la tarde por el Wall Street Journal es quizá la que mejor ilustre el momento político: “El señor Videgaray no incurrió en una ilegalidad. Pero la transacción refuerza la percepción de los conflictos de interés que han dañado la credibilidad y popularidad del presidente Peña Nieto”.

La transacción es la compra de una casa de 850 metros cuadrados en Malinalco, Estado de México, que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, adquirió en octubre de 2012. Para ello, obtuvo un crédito hipotecario por medio millón de dólares que ya liquidó. La casa tendría hoy un valor de alrededor del millón de dólares. Esos son los hechos.

El problema es que le compró la propiedad a una inmobiliaria de Juan Armando Hinojosa, que además le extendió el crédito.

Hinojosa, para quien no lo sepa, es el agente inmobiliario de la casa de Las Lomas. El mismo que tuvo una participación minoritaria en el proyecto ganador de la cancelada licitación del tren México-Querétaro. El que ha obtenido numerosas licitaciones en los últimos años.

“No existió conflicto de interés”, explica Videgaray en la propia nota. “Realicé la operación no siendo funcionario público y dentro de los parámetros de mercado”.

Si no hay ilegalidad ni conflicto de interés, el secretario de Hacienda tendría que aguantar unos días de tolvanera y ruido, y disfrutar su propiedad. Pero pienso que, como la señora Angélica Rivera, no resistirá y se deshará de la casa.

Al hacerlo, no apagará las reclamaciones ni la inquina. Le regalará, eso sí, una nueva victoria a los que gritan: ¡corrupción!