“Tú te vas, pero yo me quedo”, fue la expresión que alguna ocasión comentó un corresponsal en una ciudad fronteriza de Tamaulipas a un reportero  del Distrito Federal que había obtenido información sobre la actividad de los cárteles en esa región, punto de entrada de la droga hacia el mercado de la costa este de los Estados Unidos..

“Si lo vas a publicar, ten cuidado con lo que mencionas porque me puede afectar”, subrayó el periodista tamaulipeco.

El reportero del Distrito Federal consideró que sin esa información –que daba cuenta de algunos nombres de capos- no había nota fuerte. Y lo publicó. 

El corresponsal sufrió un atentado. Sacó a su familia y años después fue malherido.

Esto fue a finales de la década de los ochentas del siglo pasado. La memoria de esos hechos vuelve ahora que el director editorial de El Mañana de Matamoros, Tamaulipas, fue levantado por grupos criminales, la semana pasada. Las cosas no han cambiado.

Siempre el periodismo de la frontera tamaulipeca ha estado bajo el fuego de la amenaza, del soborno, del abandono, de la censura y la autocensura en cuanto temas relacionados con la delincuencia organizada.

El levantón del directivo del diario matamorense ocurre en el momento en que la plaza se ha vuelto a calentar por la guerra desatada por grupos que buscan el control de la zona, de las rutas y que ha llevado a una violencia en las calles que obligó al Tecnológico de Monterrey a suspender clases; a la Universidad del Valle de México a cerrar instalaciones y a la Presidenta Municipal, Leticia Salazar, a pedir nuevamente apoyo a las autoridades federales para la llegada de cuerpos policiales y de la milicia.

Ha habido tiroteos, atentado con granada que detonó en las instalaciones de Televisa local y bloqueos de caminos. Todo en poco más de una semana

Tamaulipas es uno de los tres estados señalados por el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto como los prioritarios en materia de reforzamiento de la seguridad, de acuerdo al anuncio hecho por él, a finales del año pasado. Guerrero es otro junto con Michoacán. Pero las plazas siguen calientes.

De hecho, en Tamaulipas se había implementado desde mayo del año pasado una estrategia que dividía a la entidad en cuatro regiones, una de ellas la fronteriza. Pero ha sido insuficiente. Nuevamente habrá envío de refuerzos.

En Guerrero, los grupos delincuenciales andan sueltos. Tal vez desmembrados en células que se han ido dividiendo a raíz de los acontecimientos de Ayotzinapa que han golpeado a Guerreros Unidos pero no tanto a Los Rojos, y quizá dado espacio para la presencia de nuevos cárteles.

El secuestro exprés y la extorsión habían proliferado en los últimos años en Guerrero y particularmente en Acapulco. Es uno de los temas de potencial crisis, recurrente en empresas que operan en ese lugar turístico. Se han convertido esos delitos en un modus vivendi que tiene angustiados no sólo a empresarios sino a trabajadores de comercios y prestadoras de servicios que tienen bajo su responsabilidad el manejo de dinero.

El acomodo de fuerzas siempre ha sido el resultado de cualquier acción que desmembra grupos delincuenciales. Hay ahora una dispersión celular pero también posibles reagrupamientos ante los golpes que se han asestado a los cárteles..

¿Qué está fallando en las estrategias en Tamaulipas y Guerrero? ¿Dónde están los gobernadores que han dejado la suerte de la seguridad de sus estados a la Federación?.

Desafortunadamente el tema de la violencia sigue generando percepciones de inseguridad en el país, aunque sea regional. 

Y ese caldo, aunado al problema de la desconfianza, incredulidad y la persistencia de los señalamientos de corrupción continúan exacerbando el ánimo de una sociedad que raya entre la apatía y el enojo.

Y si no, veremos el resultado en las elecciones próximas.

Postscriptum.- En tiempos de las redes sociales cualquier comentario mínimo corre el riesgo potencial de ser maximizado y sacado de contexto. El Ya Me Cansé y Ya sé que los Periodistas no Aplauden son el mejor ejemplo de que la informalidad y el chiste estilo Fox no cabe, por más que sean parte del diálogo interno que, externalizado, da cuenta del verdadero sentir y ánimo de quien lo expresa.