Muy probablemente como dicen que Alejandro Magno resolvió el nudo gordiano: de un solo tajo
Algún día, espero cercano, habré de descubrir los atributos indudables de la señora presidente con A de patria, que deben ser muchos. Yo no he podido asomarme a ese arcano.
Sus credenciales científicas patinan en cuanto enfrenta a una regla de tres simple o una operación elemental de primaria, en las peroratas mañaneras. Evoca, lejanamente, claro, al Peña Nieto con el inolvidable pronóstico de aterrizaje en Oaxaca: en un minuto; o menos, en cinco. Eso es insuperable.
Lo que es indiscutible son las habilidades malabares de la palabra de la señora presidente. Primero agarras a una trucha enjabonada. Tiene escuela, desde luego. Lo que con su padrino era “yo tengo otros datos”, en doña Claudia se ha convertido en “vamos a investigar y que… venga aquí a explicarles”.
Tiene otra predecesora, que inventó mi compañero grato Roberto Gómez Bolaños en su personaje de la Chimoltrufia: como te digo una cosa te digo la otra o, pa’ qué te digo que sí, si no.
Es menester tomar en cuenta que la señora presidente con A de patria se encuentra en medio de un complejo berenjenal. Tiene la presencia permanente de su padrino y el enjambre de operadores peligrosos que obedecen sus órdenes, de él, precisamente en el área de comunicación, que es esencial. Tan lo es que por algo Jesús Ramírez Cuevas, el operador de las mañaneras originales, es el coordinador de asesores de doña Claudia.
También que su equipo fundamental, que sin duda no fue elegido plenamente por ella (recordemos la cena de las corcholatas con Andrés Manuel) no es precisamente un ganador del Super Bowl de la política a favor de su coach. Si a esto agregamos la crisis económica que nadie quiere mencionar y que se reduce a un crecimiento abajo del cero, uno está tentado a escribir: estamos jodidos todos ustedes.
A pesar de todo lo anterior, éramos muchos y parió la abuela.
El presidente de los Estados Unidos, en la conmemoración inusual de la guerra contra México que nos quitó medio país, se erigió en su discurso como nuevo Bolívar para hacerse de toda América, augurándole una independencia plena.
Como dicen en mi pueblo, nomás eso nos faltaba.
Precisamente en el terreno de Donald Trump, y a propósito del desplome previsiblemente inmediato del castrismo en Cuba, Sheinbaum ha dado muestra de sus artes de malabarismo verbal. Trump dice que le pidió a doña Claudia que no mande petróleo a Cuba y que ella no está mandando. Claudia dice que en su conversación telefónica con el pelipintado no se mencionó el tema.
Yo dije aquí que uno mentía, tal vez los dos. Eso quiere decir que ambos dicen verdad. La exigencia no fue hecha directamente, sino en los tratos de Marco Rubio y Juan Manuel de la Fuente. Safe, dicen en la liga del Pacífico. Sortilegio de mujer, como dice Luis Alcaraz en su canción, aunque en este caso no creo que magia negra debe haber.
El petróleo a Cuba se envía por un contrato similar al que Pemex tiene con otras naciones, y Cuba ha estado pagando, dijo Víctor Rodríguez Padilla, capataz de Pemex. La presidente agregó que este tipo de convenios es similar al de los médicos cubanos, que —dijo— México paga porque los necesita. Lo que no dijo la malabarista del concepto es que los médicos cubanos —que no conozco a nadie que los haya visto— no reciben su sueldo (que viene de soldado) en México. El gobierno cubano cobra aquí y paga allá, en su moneda, a los enviados.
La presidente, el director de Pemex, la secretaria de Energía, se enredaron en retruécanos y cifras, porcentajes y tendencias. Poco tiempo nos queda para que este acertijo se resuelva. Muy probablemente como dicen que Alejandro Magno resolvió el nudo gordiano: de un solo tajo.
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El cumplimiento del tratado internacional de aguas fronterizas entre México y Estados Unidos, que viene desde 1944, no tenía vuelta de hoja: teníamos que cumplir, como los Estados Unidos creo que cumplen su parte con las aguas del río Colorado, allá en occidente. Y si no, a reclamar de aquí para allá.
Por fortuna, los imprevisibles ciclos climáticos nos han dejado en el noreste de México una cierta reserva de líquido; lo único deseable es que los políticos no piensen en el año que viene, sino en cinco años adelante.
Si en ese lapso no se dan las lluvias del año 2025…
