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¿Qué hacemos con las nuevas tarifas de Trump al acero y al aluminio? La decisión de incrementar el arancel de 25 a 50% no es una táctica de negociación ni una medida fácil de aceptar como socio comercial. Después de todo, tariffs are an act of war, como dijo Warren Buffet en marzo pasado.

¿Qué tan lejos llegará la Guerra Comercial, quiénes entrarán y cuánto durará? No hay respuestas simples a esta pregunta tan compleja. Ni siquiera sabemos quién se enfrenta con quién. Los aranceles al acero y aluminio son una acción de guerra, de parte de Estados Unidos, en contra de los países que son aliados y con los que tiene más comercio. Los más perjudicados son México, Canadá, Japón, Corea del Sur y la Unión Europea. Para China, no hay afectación porque hace tiempo que su acero no tiene acceso al mercado estadounidense.

¿De qué vale ser aliado de Estados Unidos en estos tiempos? Esta reflexión está presente en Ottawa, Tokio, Seúl, Bruselas, Londres y la Ciudad de México. El mensaje que Trump manda con los aranceles de 50% al acero y el aluminio es contundente. Si para hacer a América grande de nuevo necesito hacer pequeños mis compromisos con mis amigos o socios, lo haré.

¿Son estos aranceles una puñalada al T-MEC? La aplicación de las tarifas va en contra de lo que dice el acuerdo comercial, pero también de todo lo que implica. ¿Siguen en pie los planes para una mayor integración económica de América del Norte? Los más optimistas siguen diciendo que sí, pero la realidad se empeña en tirar piedras desde la Casa Blanca más de una vez por semana.

La orden ejecutiva de Trump es una medida unilateral, en contra de la cual parece absurdo impugnar con los instrumentos que incluye el T-MEC. Hay que recordar que en la segunda administración Trump, las primeras tarifas contra el acero y el aluminio se decretaron en marzo. Desde entonces México y Canadá no han iniciado los procedimientos de consultas. A estas seguirían los paneles de controversia… si el T-MEC siguiera vivo, del modo en que lo estaba hasta antes de la era Trump II.

El T-MEC sigue vivo, pero huele un poco raro, diría Frank Zappa. La actividad comercial sigue entregando números impresionantes. En el primer trimestre del 2025, las exportaciones de México a Estados Unidos crecieron 9.6% y llegaron a 131,299 millones de dólares. En el mismo periodo, el comercio binacional ascendió a 215,344 millones de dólares, un 7.7% más que entre enero y marzo de 2024.

¿De dónde viene ese olor tan raro? El problema no está en los datos. La inversión extranjera directa en el primer trimestre fue 21,373 millones de dólares y 45% de ella tuvo como origen Estados Unidos.

¿Por qué preocuparse, si las cifras de comercio e inversión están en terreno positivo? Más allá de los números, están las palabras y los gestos. Donald Trump encabeza una agenda proteccionista y ha hablado de poner fin al T-MEC más de una vez. Ha dejado claro que detesta todo lo que se entiende por libre comercio. Para él y su equipo, la relación comercial debe enmarcarse en un contexto donde lo económico puede y debe subordinarse a las agendas que imponen otros asuntos como seguridad, migración y geopolítica.

Los números de comercio e inversión son magníficos, considerando todo lo que Trump representa, pero más nos vale ver más allá de esos números y preguntarnos, ¿qué está pasando con nuestra sociedad con Estados Unidos y qué vamos a hacer si nuestro socio decide encerrarse y autodestruirse?

No podemos hacer pronósticos a partir de los datos de los primeros meses del 2025. Esto es equivalente a conducir en una carretera sinuosa mirando el retrovisor.

P. D. Para quienes defienden la racionalidad económica de las medidas de Trump, hay un estudio del impacto de los aranceles del acero que se impusieron en 2018 y 2019. Estos trajeron 1,000 empleos más en la industria acerera de Estados Unidos, pero costaron 75,000 empleos en industrias que dependían del acero. El estudio fue hecho por Kadee Russ y Lidia Cox, de las universidades de California en Davis y Harvard.