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Han sido tantas las trampas que utilizan, que es probable que sean pocos los adeptos a su causa proteccionistas.

A ver. ¿Quieren los gasolineros conseguir la simpatía de los automovilistas para que no se adelanten los tiempos de apertura a la competencia en un sector plagado de robos al bolsillo de los consumidores?

En el nombre del mito petrolero nacional, la distribución de gasolinas se mantiene como una de las prácticas más viciadas en esta economía de mercado.

Desde los robos al consumidor, con litros que no tienen un litro hasta las sospechas de un mercado paralelo de distribución de combustibles robados, a través de las propias estaciones de servicio.

La apertura no es garantía del final de la corrupción en la distribución de gasolinas, pero al menos permite al consumidor tener a quien responsabilizar.

Las distribuidoras de gasolinas son franquicias en manos de políticos y empresarios, pero todas distribuyen exactamente lo mismo: gasolinas Pemex. Por lo que al amparo del monopolio, no hay una marca que cuidar. Porque al cliente que decida no volver a comprar gasolina Pemex, más le vale vender su coche y comprar un caballo.

Con la competencia existe la posibilidad de calificar las marcas. Si un cliente es robado en la gasolinería de la marca X, tiene la opción de cruzar a la de enfrente, de marca Y.

En el momento en que la petrolera detecte las malas prácticas de un distribuidor, tendría que tomar cartas en el asunto para evitar el desprestigio de su marca. Ése es un efecto de la competencia que vemos en otros sectores donde no hay prácticas de concentración o colusión.

La competencia, también en el sector eléctrico, no está exenta de malas prácticas. Padecemos en este mercado incrementos coordinados de precios entre supuestos competidores, repartición de territorios para ciertas marcas, imposición de condiciones por los agentes dominantes, colusión de precios a través de las agrupaciones empresariales, en fin.

Esas son fallas en la procuración de la libre competencia, pero no hay duda de que las peores prácticas en contra de los consumidores se cometen desde los monopolios estatales.

Es muy probable que con los tiempos adelantados para la libre competencia en la distribución al menudeo de las gasolinas no se logre en primera instancia la creación de la infraestructura necesaria para ese propósito.

Pero será un incentivo adicional para las marcas que vengan el acelerar las inversiones para posicionarse entre los consumidores.

Dicen los gasolineros de siempre, en su defensa, que las marcas que lleguen tendrán que empezar por vender gasolinas de Pemex. La verdad es que ellos deberían tener claro que la mitad de las gasolinas que venden no son de Pemex, son combustibles que vienen de 16 países.

Así que el discurso nacionalista sobra, porque están despachando gasolinas hasta de Singapur.

No creo que vaya ser muy sencillo para los gasolineros conseguir la compasión de los consumidores nacionales. La verdad es que han sido tantas las trampas que utilizan para robar a los automovilistas que es probable que sean pocos los adeptos a su causa proteccionista.

No son todos los que han cometido malas prácticas, pero si nos atenemos a la experiencia de la Profeco, tampoco se trata de casos aislados.