ENRIQUE CAMPOS

Socavones, negligencias y linchamientos

Socavones, negligencias y linchamientos


Pretender despedazar a un secretario, a una empresa o a un presidente es una reacción habitual en México y más en tiempos adelantados de sucesión presidencial

Todo el conjunto que conforma este linchamiento no hace sino empujar al país al socavón del populismo

La negligencia y hasta la posible corrupción son elementos presentes en la formación del socavón que les costó la vida a dos personas en el paso exprés de Cuernavaca. Hay sin duda delitos que perseguir.

Sin embargo, de ese boquete están saliendo algunos de los peores demonios que se sueltan en los tiempos de mayor complicación política como los que ahora apenas inician.

Nadie parece querer esperar al peritaje, hay un enorme deseo de “justicia”, pero de esa que implique escándalo y colgados en la plaza política nacional.

Lo más interesante de las reacciones tras el socavón es que no sólo brincaron al reflector de las declaraciones aquellos que están en las filas de la oposición y deseosos de echar en cara lo que se pueda a los que gobiernan, con miras siempre de ocupar esos lugares.

Repentinamente vimos legisladores, dirigentes partidistas y otros tantos que se revelaron como ingenieros civiles expertos en mecánica de suelos y otros que ya sabían que la obra estaba mal hecha.

Poco ayudan también las simplonas explicaciones de que una lluvia atípica tira una carretera y no daña absolutamente nada más a su alrededor.

Pero más allá de estos predecibles señalamientos, hay un aparente frente de fuego amigo. Si se pone atención se puede apreciar una coreografía declarativa que parece tener planes de tirar a una zanja a algún personaje o grupo político que circule por la autopista que lleva a la sucesión presidencial.

Hay quien ha llegado al nivel de soltar a sus perros para exigir la suspensión inmediata de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) porque a su pobre parecer el socavón de Cuernavaca así lo justifica. En ese afán de ser buen sicario de la pluma se pierde hasta el más elemental sentido común.

Y en ese intento de deslinde de responsabilidades no ha faltado quien grite que el ladrón son las empresas constructoras que llegan desde España con muchas ventajas, incumpliendo en México con las reglas de seguridad y calidad que sí cumplen en otros países.

Ni uno solo de todos estos fue capaz de hacer contacto con la familia Mena, verdaderas víctimas del incidente en la México-Cuernavaca.

Esperar una investigación y actuar en consecuencia deberían ser los pasos a seguir en un país donde se apliquen y se confíe en las leyes.

Es la mejor manera de efectivamente quitar del camino a empresas y funcionarios corruptos que puedan afectar proyectos en marcha, como el NAICM.

Pretender despedazar a un secretario, a una empresa o a un presidente es una reacción habitual en México y más en estos tiempos tan adelantados de sucesión presidencial. La pontificación y la condena desde los medios es también una mala práctica común en un país donde poco se investiga.

Pero todo el conjunto que conforma este linchamiento no hace sino empujar cada vez más al país al socavón del populismo que se alimenta de estos odios inducidos. Y de ese hoyo difícilmente saldremos bien librados.

ecampos@eleconomista.com.mx