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Me ha dado un enorme gusto enterarme que Joaquín López-Dóriga ha ganado el Premio Ondas por su casi medio siglo de trayectoria periodística. Especialmente porque recibe el reconocimiento de la Cadena Ser en este difícil momento para él.

No me toca hacer la evaluación del trabajo de mis colegas. Pero dado que es un premio a su trayectoria, aprovecho para retrotraer un aspecto de su carrera. Joaquín llegó hace 21 años a la radio del mediodía, un espacio sin mayor atractivo frente al horario matutino, y en poco tiempo lo convirtió en un referente noticioso. Comenzó a generar y ganar notas, armó debates memorables; conocer su punto de vista entre las 13:30 y las 15:30 se volvió obligado en los círculos políticos. López-Dóriga creó la radio de mediodía en México. Y desde siempre ha sido número uno en audiencia en su horario. Se dice fácil, pero deben ser unos 5 mil programas como líder, 5 mil programas con el radioescucha de su lado. Chapó.

Podría seguir con su paso e influencia en la televisión y la prensa escrita, porque muchas columnas se podrían escribir sobre Joaquín, a quien dos cosas no le faltan: admiradores y detractores. Lo que ni unos ni otros podrán negar es su pasión periodística, profesionalismo y calidad.

Desde hace tres meses, Joaquín ha sido blanco de los detractores que dan por válida, sin más, la versión de que habría utilizado su poder en radio y televisión para doblar a la poderosa empresaria María Asunción Aramburuzabala, y se ceban golpeándolo y calumniándolo. Imagino que debe ser un banquete para ellos pensar que se están merendando los restos de López-Dóriga.

Pasan las semanas y no aparecen más pruebas que una grabación donde un abogado dice hablar a nombre de la esposa de Joaquín. Hasta donde tengo entendido, la probabilidad de que prospere la denuncia de extorsión por parte de la señora Aramburuzabala es cercana a cero. ¡Extorsionar a una mujer tan experimentada, acaudalada, con el petate del muerto de que si no paga hablarán mal de ella en la radio! ¡Uff!

En fin, que el pleito legal siga su curso. Joaquín ha querido pelearlo en privado. Le deseo lo mejor al periodista que conocí reporteando como soldado raso a principio de los noventas. Nos disputábamos notas y crónicas, compartíamos esperas, mojadas y malpasadas. Desde entonces, lo recuerdo generoso y cariñoso conmigo. Por eso me entristecía la idea de que este tramo de su carrera quedara dominado por un escándalo nacido de una disputa por el desarrollo inmobiliario mal regulado y peor supervisado, y una demanda compensatoria de un grupo de vecinos, que por pudientes que sean, no dejan de ser ciudadanos, vecinos.

En eso llegó el premio Ondas y la oportunidad de brindar por él. Felicidades, querido Joaquín.

MENOS DE 140. Raúl Cervantes hablará esta mañana sobre su regreso al Senado y su declinación a contender en la Suprema Corte de Justicia.

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