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Pues sí, tal parece que sí hay una conspiración en el sector energético nacional, tal como lo denunció el presidente López Obrador. Una trama que pretende que los consumidores paguen mucho más por la electricidad y que además busca que la empresa petrolera del Estado se acerque inevitablemente a su quiebra por concentrarse en negocios donde seguro pierde dinero.

Imagine a esos complotistas, que tanto detestan al país, que buscan descarrilar a las empresas del sector privado, esos que arriesgan sus capitales sin poner en peligro los limitados recursos públicos, que buscan aprovechar la realidad de que México es uno de los países con más luminosidad solar.

Mucho sol, buena parte del año, para que a través de celdas fotovoltaicas se pueda generar electricidad barata, limpia y sin tener que pagar derecho de uso al astro rey.

Pero estos declarados enemigos de México también buscan atentar contra aquellas empresas que ya han invertido miles de millones de dólares en aprovechar el viento con aerogeneradores que aportan importantes cantidades de electricidad, a costos bajos y con mínimo impacto ambiental.

Los confabuladores quieren minar esta fuente inagotable de energía con el argumento de que afean el paisaje, como si una refinería a la mitad de un pantano en Tabasco no fuera algo francamente feo a la vista, al olfato y a la salud.

Llega a tal nivel ese intento de sabotaje al sector eléctrico que a base de decretos minan la confianza de los inversionistas privados para poner en riesgo sus negocios energéticos y todo con tal de privilegiar que la Comisión Federal de Electricidad mantenga el monopolio de la generación eléctrica con combustibles fósiles.

Y ni siquiera con gas natural, porque ese ya no se produce en México, sino con combustóleo que es altamente contaminante y genera electricidad 300% más cara que con energías limpias.

Pero no paran ahí. Los conspiradores que tanto rencor le tienen a México quieren acabar con lo que queda de la empresa petrolera del gobierno.

Quieren que Pemex, la empresa energética más endeudada del mundo, renuncie al único negocio que le deja ganancias: la explotación y exportación de petróleo para concentrase en la refinación de gasolinas solo para el mercado interno.

El plan de los diseñadores del compló es que México ya no busque más extracción de hidrocarburos, más allá del que necesiten para hacer combustibles para el mercado nacional.

Esto es, buscar la mediocridad en el negocio básico para concentrarse en una actividad que no deja ganancias, en la que sus ingresos son totalmente en pesos mexicanos, aunque tengan una tan abultada deuda en dólares y otras divisas.

No hay duda de que sí hay una clara intensión de destruir el sector energético mexicano. No sólo son planes trasnochados que buscan la simpatía de los que se quedaron atorados en las ideologías del Siglo pasado, sino que son acciones en proceso que ya empiezan a causar serios estragos en la confianza y viabilidad de la economía mexicana.

No hay duda de que sí, hay una conspiración en proceso y que desafortunadamente le está dando resultado a sus autores materiales e intelectuales de esa atrocidad.