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La presidenta Sheinbaum debe agradecer al PT haber frustrado una tentación innecesaria, un despropósito político y ético: empatar la consulta de revocación de mandato con la elección de gubernaturas, diputaciones federales y locales, ayuntamientos y cabildos.

El miércoles, lo que abortó no fue un ilusorio ejercicio “democrático” sino una maniobra disfrazada de “participación ciudadana”.

La revocación no nació para aplaudir a gobernantes, sino para removerlos por pérdida de confianza. Tal es la premisa constitucional, la única razón. La figura fue diseñada por López Obrador como ratificación encubierta para allegarles más votos a sus candidatos: un espectáculo plebiscitario para convertir la plaza pública y todo el aparato de gobierno en caja de resonancia político-electoral.

Hoy no existe la condición indispensable, nadie pide que la presidenta deje el cargo.

Forzar la consulta habría sido un deleznable atropello y, si se le hubiera hecho coincidir con la elección política, el resultado habría sido profundamente inmoral, con Palacio Nacional convertido en templete de campaña para que la mandataria despotricara contra imaginarios “adversarios”.

De ahí que el freno del PT resulte, paradójicamente, un acto de responsabilidad elemental, que evitó una exhibición de poder que contradice el orden constitucional, que fija el mandato presidencial en seis años, sin necesidad de ejercicios artificiosos para legitimarlo de nuevo a mitad del camino.

Por lo demás, si con sus otros puntos de la iniciativa de lo que se trata es “combatir privilegios” ––como tanto repitió Sheinbaum––, convendría empezar por las incongruencias propias.

No es válido predicar “austeridad” mientras se protege y premia a correligionarios lacayunos tan cuestionados como Hugo López-Gatell, el Doctor Muerte, a quien se le otorgó una beca en Suiza de 12 mil euros (más de 220 mil pesos) mensuales, que no solo costean su estancia sino financian su impunidad, y además las prestaciones del servicio exterior, con apoyos para renta, pagos de inscripciones y colegiaturas, seguro médico y boletos de avión para que los utilice en los 30 días de vacaciones que tiene por cada 11 meses de discutible “trabajo” en los organismos internacionales radicados en Europa.

Para efectos prácticos, lo que el PT hizo el miércoles es un favor político a Sheinbaum, al conjurarle un riesgo innecesario: exhibir que los 36 millones de votos con que llegó a la Presidencia no los alcanzará en una consulta de revocación que la conduciría al desencanto. Pretender refrendar tal cantidad de sufragios habría sido exponerse a una merma inevitable.

Conviene reflexionar en lo esencial: la revocación es un derecho de los gobernados que quieran echar del cargo a la mandataria, no una herramienta del poder para ratificarse.

Promoverla desde la primera magistratura no es alentar la “participación ciudadana”, sino una vulgar forma de propaganda.

NOTA.- El asalto… un hace paréntesis, retornará el lunes 13 de abril.

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@CarlosMarin_soy