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En las elecciones del pasado martes, los demócratas le arrebataron el control de la Cámara de Representantes a los republicanos. Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, asegura que obtuvo un gran triunfo electoral.

¿Cómo puede pensar así, si lo primero que harán los de la nueva mayoría será investigar a su presidente en todo lo que se pueda para tratar de tirarlo?

Lo peor del caso es que Trump realmente cree que triunfó. El mundo que imagina el mandatario republicano no siempre coincide con la realidad y cuando eso se eleva a los niveles de poder que tiene, se convierte en un peligro global.

La gran fortuna del resultado de este proceso intermedio es que el electorado estadounidense corrigió y le aplicó un contrapeso necesario a Trump.

Ciertamente puede generarse una parálisis en muchos temas de la agenda legislativa. Por ejemplo, en el presupuesto, además de otros tantos que sean prioritarios para el presidente estadounidense.

El hecho de que Donald Trump pueda tener límites y contrapesos debe generarnos de este lado de la frontera cierta tranquilidad y también mucha envidia, a la vista de lo que viene para nuestro país.

El sentimiento antimexicano se va a quedar, porque ya lo sembró entre su clientela política, el ataque a los migrantes disminuirá en lo que llega la siguiente elección. Pero ciertamente no habrá muro fronterizo, porque ni en sueños los demócratas aprobarían recursos para su construcción.

Pero también hay un asunto que genera inquietud. Se supone que el último día de este mes, Enrique Peña Nieto, Justin Trudeau y Donald Trump deberían firmar el acuerdo comercial entre México, Canadá y Estados Unidos, ése al que quieren llamarle T-MEC.

La ruta crítica de este sustituto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) requiere de la aprobación legislativa en los tres países para que se pueda dar su posterior promulgación y entrada en vigor.

La nueva fotografía legislativa plantearía que los demócratas van a bloquear todo lo que huela a Donald Trump y sin duda que el T-MEC tiene ese triunfo del gobierno de la Casa Blanca.

Sin embargo, la negociación del acuerdo sustituto del TLCAN fue posible por las presiones internas. Demócratas, republicanos, empresarios, granjeros, en fin, un amplio y heterogéneo grupo de sectores estadounidenses que se unió por el sentido común del error que implicaba cancelar esa relación comercial norteamericana.

No parece haber posibilidades de un rechazo en bloque por parte de los demócratas al acuerdo comercial trilateral, pero es un hecho que tampoco estará entre sus prioridades. Entonces, la congeladora le espera. Y mientras no se apruebe el T-MEC, seguirá vigente el TLCAN.

Esto en apariencia podría resultar benéfico para México, por aquello de evitar las nuevas reglas del sector automotriz o hasta la cláusula sunset. El peligro es que, ante los ojos del presidente estadounidense, quien ya prepara su campaña de reelección, se mantendría en la mira una de sus más socorridas banderas electorales: “el peor acuerdo comercial jamás negociado por Estados Unidos”.

Y si le bloquean su famoso muro, pues podría volver a las amenazas de denunciar el TLCAN, para terminar con él, si los demócratas no aprueban el pacto sustituto.

Así, un tema que parecía ya superado puede regresar a las angustias de los mercados por un asunto meramente de la política local estadounidense.