El desaseo político habrá de incidir en la popularidad presidencial
A estas alturas de las protestas sociales, no se sabe qué es más grave, que el titular de Educación, Mario Delgado, haya tomado la decisión de cambiar el calendario escolar sin informar a la Presidenta Sheinbaum, o que ella lo hubiese aprobado y, luego, negado frente a los periodistas de la Mañanera.
En cualquier opción la primera mandataria es la que pierde, la que queda muy mal ante la opinión pública. Sea por no mandar, por no enterarse, o por no tener el valor de seguir sus decisiones pese a las reacciones que provocan.
El descontento social por este anuncio fue tan grande como su magnificación en medios de comunicación. Imposible negar que la decisión había sido pésima, sin tomar en cuenta a la inmensa mayoría de familias donde todos trabajan, sin alternativas para el ocio de los menores, sin respeto a la educación, a las mismas reglas de tiempos de clase que han sido impuestas por las autoridades federales.
El anuncio de Delgado fue, en verdad, de una torpeza inmensa, sin ninguna justificación. Porque el clima no puede ser un pretexto cuando tenemos un país con entidades federativas que, prácticamente, enfrentan temperaturas extremas la mayor parte del año. Lo del Mundial de Futbol es absolutamente indignante porque hablamos de juegos en únicamente tres Estados del país, de partidos que se jugarán por la noche, excepción del inicio en la CDMX.
Y, no olvidemos, se trata de trece partidos de futbol a realizarse en nuestro país.
Ya en su momento la señora Clara Brugada se había burlado de los ciudadanos residentes en la capital del país con una petición de que se trabaje desde casa, de que no se salga a la calle para la comodidad de los turistas que supuestamente habrán de recibirnos.
¿A quiénes benefician estos trece partidos, que obviamente no tendrán un auditorio nacional por lo elevado del costo de los boletos? ¿Por qué permitir que la vida en la CDMX, en Monterrey, en Guadalajara resulte afectada por un evento minorista que habrá de ser visto por televisión por la inmensa mayoría de mexicanos?
Las familias mexicanas, excepto unas cuantas, minoría, no cuentan con recursos para enviar a sus hijos a cursos de verano, a vacacionar con familiares, o para contratar a personas para cuidarlos durante las semanas de asueto que fueron anunciadas por Delgado sin ninguna sensibilidad social.
Frente a las lógicas protestas de miles y miles de personas afectadas, la primera mandataria reculó. O aparentó recular al aseverar que no era una decisión tomada, que no era cierta, que quién sabe, que tal vez. Como si en el gobierno de México un secretario, un empleado de la primera mandataria, pudiese tomar decisiones y anunciarlas motu proprio.
Hubo una reunión nacional, con la participación de todos los secretarios de educación del país presentes, cómo aceptar que no lo supo la señora Sheinbaum. ¿De qué manera entender que temas sensibles para millones de mexicanos no merezcan su atención, no sean discutidos en su oficina antes de darse a conocer?
¿Entonces quién nos gobierna realmente, de qué hora a qué hora, qué sucede en las oficinas de palacio nacional?
Si, simplemente, se trató de una equivocación y la Presidenta pretendió dar marcha atrás, una vez más habrá que decirle que es urgente que cambie a sus asesores de comunicación que son sus enemigos. No era la forma, el lenguaje, el sitio para hacerlo. No únicamente descalificó a su titular de Educación, sino que exhibió un desorden en su gobierno que millones de mexicanos no nos merecemos.
Quede como quede el calendario escolar, el desaseo político que se vivió estos días habrá de permanecer, y de sumar en contra de la aceptación, popularidad, presidencial.
