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Los lineamientos de anticorrupción y austeridad del futuro gobierno anticipan una sacudida burocrática radical, la mayor que recuerde mi generación.

De un lado, el despido de 70 por ciento del personal llamado de confianza, el cese de unos 195 mil funcionarios.

Luego, la descentralización de las secretarías que afectará la vida diaria de los burócratas sindicalizados, 1 millón 200 mil, la mayoría de los cuales tendrá que mudarse de ciudad si quieren conservar su trabajo.

Solo quedarán en Ciudad de México los burócratas de Presidencia, Hacienda, Gobernación, Relaciones Exteriores, Marina y Defensa.

Es difícil imaginar estos cambios sin una resistencia enorme de parte de los afectados y sin una pérdida de las pocas o muchas calidades que hay en la administración pública.

Salvo por documentos filtrados a la prensa, en que se manejan cifras precisas de algunas secretarias, da la impresión de que el ajuste burocrático previsto, una cirugía mayor, ha sido pensado con machete más que con bisturí.

Se diría que los cirujanos han pensado más en el dinero que se puede ahorrar que en los burócratas de carne y hueso afectados por el ahorro. Quizá no hay otra manera de hacerlo, a rajatabla, si se quieren dar muestras de decisión y voluntad política, y aprovechar la marea de legitimidad recibida de las elecciones.

Aún así, la sacudida burocrática anunciada antoja una batalla difícil de ganar, si no una victoria pírrica.

Despedir a 195 mil empleados de confianza y cambiar de ciudad, con sus familias, quizá a un millón de burócratas, todos ellos sindicalizados, son cosas que puede hacer el gobierno chino, difícilmente el mexicano.

Se pueda o no, queda la pregunta de si la batalla del futuro gobierno contra sus propios brazos administrativos es la mejor que puede proponerse.

En la cabeza de los votantes, la burocracia federal es sinónimo de la ineficiencia y la corrupción que abominamos todos.

En la terca realidad, es también el espacio donde están los únicos circuitos de saber administrativo que hay en el país, los únicos miembros de un servicio civil de carrera (unos 25 mil) y los únicos mandos de nivel alto y medio que saben lo que hacen.

Sacudir de más esta mata hará caer de ella por igual los frutos podridos y los sanos.