Minuto a Minuto

Nacional Hombre sufre quemaduras graves tras descarga cerca del Metro Cuauhtémoc
El STC aclaró que que, según el testimonio del afectado, la descarga ocurrió en el exterior de la red de transporte
Nacional ‘El Pachangas’, alumno del Cetis 33 de Azcapotzalco asesinado
El alumno asesinado frente al Cetis 33 de Azcapotzalco fue identificado como 'el Pachangas'. En redes sociales se lucía con un arma de fuego
Internacional Trump encarará a la ONU entre guerra contra Irán y diplomacia
El conflicto, lanzado en enero por Estados Unidos e Israel, está a punto de cumplir siete meses sin haber alcanzado su objetivo
Entretenimiento “Hay Alejandra para mucho tiempo”, afirma ‘la Guzmán’ tras lesión en la cadera
Alejandra Guzmán anunció también la presentación de una demanda contra un médico que la lastimó mientras estaba en el hospital
Nacional Los 32 estados acuerdan restringir celulares en escuelas, empieza el 3 de noviembre
Se pidió no presentar la medida como prohibición, sino como orientación para recuperar métodos a favor del aprendizaje y el desarrollo

Toda la estética de Rulfo está contenida en la elección de su nombre. Nació Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Escogió Juan Rulfo.

Cuando pienso en Rulfo oigo las primeras palabras de Pedro Páramo. Son mejores que las primeras de El Quijote.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo cuando ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo.

Recuerdo el deslumbramiento solitario de haber leído esto hace más de medio siglo. He vuelto a leer a Rulfo en estos días. Lo encontré intacto en el resplandor sombrío, asombrosamente seco y rítmico de su voz.

También está intacto el otro Rulfo, el de la comidilla literaria. Desde que recuerdo existen los dos Rulfos: el autor de Pedro Páramo, maestro del murmullo de los muertos, y la persona que escribió aquello, fuente de interminables leyendas.

El mar de fondo de la comidilla era un elogio derogatorio: la obra era enorme, pero el autor no; en mala hora se había dado cuenta de su estatura; todos sus intentos de alcanzarse habían quedado cortos.

La murmuración literaria que acompaña al genio de Rulfo fue y sigue siendo una mezcla de admiración y maledicencia. Ignorancia maravillada ante su mundo, desdén ilustrado ante sus dones.

Rulfo convocó desde el principio esta doble moral literaria, no tan infrecuente como parece, de la rendición artística ante la obra y la reticencia profesional de los hombres de letras ante el autor.

Sucedió con él más que con nadie, porque Rulfo era un escritor de genio que no parecía serlo. Era solo la encarnación, en estado puro, del escritor genial.

La murmuración, la historia, la biografía, la torpe cotidianidad, acompañan la posteridad de Rimbaud. No explican el fulgor de su obra.

Algo parecido sucede con Rulfo, salvo que Rulfo era un mejor ser humano y llegó a leer y a saber más cosas serias de su oficio que Rimbaud.

[email protected]