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Una parte de la crítica al populismo mexicano, adelantada en 2018 que éste sería como el argentino: nepotista, corrupto, pero democrático. Otra predecía que sería como el venezolano: militarista, dictatorial, tiránico y nada democrático.

Con la toma de Chilpancingo por el cártel de Los Ardillos, y la tercera parte del país controlada por el crimen organizado, el populismo mexicano se asemeja también en eso al venezolano. Estados Unidos ya considera a Venezuela un narcoestado.

La alcaldesa de Chilpancingo, la morenista Norma Otilia Hernández, le hace una venta de futuros en un video al jefe del cártel de Los Ardillos: “Soy la primera generación de políticos que van a hacer base de gobierno”.

La Oficina de Investigaciones del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, explicó esta semana en la OEA que “Venezuela es un narcoestado”, que moviliza aviones clandestinos con toneladas de cocaína.

Sus investigaciones indican que el narcoestado venezolano lava el dinero de la droga en las economías estables. El presidente castrochavista de Colombia, Gustavo Petro, explica muy bien cuánto significa para el populismo los dólares de la droga:

“El peso colombiano se cayó, porque los dólares de la cocaína ya no entran en Colombia. Se quedan en México”.

Y, hace un mes, el dictador venezolano Nicolás Maduro purgó de manera súbita a su vicepresidente, Tareck el Aissami, a quien desde 2017 la Casa Blanca considera un connotado narcotraficante, le anuló sin visa y le confiscó sus propiedades en Estados Unidos.

Además, el Departamento del Tesoro sancionó a 13 empresas vinculadas al número dos de Maduro, que conforman una red internacional desplegada por bancos de las Islas Vírgenes Británicas, Panamá, el Reino Unido, Estados Unidos y la propia Venezuela.

Lo cierto es que, después de cinco años en el poder, sí, el populismo mexicano se parece al argentino en practicar a todo trapo el nepotismo y la corrupción, pero se asemeja mucho más al venezolano. Incluso, su éxito es más rápido que el populismo venezolano.

En Venezuela, el castrochavismo logró en largos ocho años, el nivel que empezó a alcanzar apenas en su tercer año la autollamada “Cuarta Transformación”: una autocracia sostenida por el Ejército y el órgano electoral casi totalmente capturado.

Una semejanza contundente entre los regímenes de México y Venezuela, esta en declaraciones de sus secretarios de la Defensa.

Dice el jefe de las Fuerzas Armadas venezolanas: cuyo Ejército tiene más generales y almirantes que toda la OTAN: “Los soldados son los garantes de la revolución”.

Dice el general secretario de México, cuyo Ejército es el número 13 de 145 países revisados por el índice estadounidense Global Firepower: “Como mexicanos es necesario estar unidos en el proyecto de nación que está en marcha con el actual gobierno”.

Sí: se parece más a Maduro.