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El presidente de México estuvo 67 días sin reconocer el triunfo electoral de Joe Biden en la mayor democracia del mundo, pero reconoció enseguida la pantomima con la que Daniel Ortega se reeligió por cuarta vez consecutiva como dictador de Nicaragua.

Y, hasta hace unas horas, tenía a México en el grupo detestable de países con representantes en la cuarta toma de posesión del sátrapa nicaragüense, con Belarús, Cuba, Turquía, Venezuela, Vietnam, China, Corea del Norte, Irán, Rusia y Siria.

La presión de intelectuales, un amplio sector de Twitter, juristas, académicos y políticos de oposición provocó que el mandatario tomara la decisión, anoche, de no enviar la delegación que tenía prevista para avalar el grotesco fraude de Ortega.

Sin embargo, esto no indica que haya acabado el apoyo del gobierno de México al dictador Ortega, que ha sido patente en la OEA. Además, es notoria la coincidencia con Ortega en la persecución a organizaciones de la sociedad civil.

Ortega dictó en Nicaragua la Ley de Regulación, que obliga a registrarse ante la policía a las organizaciones de la sociedad civil que reciben dinero de empresas extranjeras, por considerar que es antipatriótico e inmoral recibir dinero extranjero.

Hace cuatro días, el gobernante mexicano volvió a acusar a la embajada estadounidense de financiar a la ONG “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad” que, al igual que otras que lo apoyan a él desde hace años, recibe recursos del gobierno estadounidense.

El presidente recordó el viernes que el pasado año instó a Washington, mediante una nota diplomática, a suspender el supuesto apoyo económico a organizaciones de la sociedad civil. “Se están tardando en responder”, dijo.

La postura del presidente mexicano coincide también con la del dictador de Venezuela Nicolás Maduro, quien obliga a las ONG venezolanas a presentarle un listado de sus miembros, de sus fuentes de financiación y sus movimientos bancarios en el exterior.

De hecho, el presidente mexicano reprendió a medios de prensa, como Animal Político, que reciben recursos de las fundaciones Ford y Kellogg, y cree que “Ojalá vayan internalizando que eso es traición a la patria”.

Pero no es sólo que el presidente tardó 67 días en reconocer el triunfo de Biden y nada en reconocer la farsa del dictador Ortega, es que no muestra simpatía por la ejemplar democracia estadounidense y sí por los gobiernos de Ortega y Maduro.

Al igual que ellos dos, incapacita a la sociedad civil para que no pueda enfrentarse su sistema de mando único que, como ellos, construye de manera acelerada, basado en el manejo discrecional del dinero público desde la mesa del desayuno.

El presidente no lo niega. Y estuvo a nada de mandar una delegación a lisonjear a Ortega.