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Las elecciones de 2024 serán las últimas con opciones de ganar la oposición en, al menos, las próximas dos décadas. Porque no hay nacionalpopulismo, como el de este presidente, sin cambiar la Constitución, para implantar el “Socialismo del siglo 21”.

El aviso es claro. No lo ven sólo quienes viven muy felices, porque no miran más allá de sus narices. El presidente lo dice, y lo repiten sus escuderos: ganar la mayoría calificada en el Congreso para amarrar el proyecto totalitario antes de las intermedias de 2027.

Así funciona el diseño castrochavista iniciado en Venezuela: tras amarrarse los primeros seis años, el régimen modificó la Constitución para crear nuevas instancias de Gobierno, otra organización administrativa y cambiar el sistema socioeconómico.

Después que el nacionalpopulismo logra esto, todo va sobre ruedas, porque ensambla sus propias instituciones para eternizarse en el poder. El actual presidente mexicano advirtió siempre: “Al diablo sus instituciones”. Sí, para implantar las suyas.

Porque el actual presidente mexicano nunca mando al diablo las instituciones, eh: siempre dijo “sus” instituciones. Chávez, Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales… crearon sus propios órganos electorales, judiciales y legislativos.

Porque, así como no hay nacionalpopulismo sin cambiar la Constitución, tampoco lo hay sin instituciones. En Venezuela, Nicaragua, Bolivia hay elecciones periódicas, Corte, Congreso, partidos políticos, prensa… pero ya controladas por el poder.

Aquí, avisa el presidente:

–“Tenemos que ganar en 2024 la mayoría calificada en el Congreso, y para eso hay que lograr que el pueblo vote en bloque por Morena, para concretar reformas a la Constitución que son fundamentales para el cambio, como la reforma al Poder Judicial.

Advierte Noroña, quien sería su líder en la Cámara de Diputados:

–“Cuando gane la compañera Claudia, hay que deberíamos convocar a un poder constituyente, a una asamblea del pueblo para hacer una nueva Constitución y echemos atrás todas las reformas neoliberales”.

Propone Morena en el Senado:

–“Los expresidentes de México podrán ser senadores de la República a partir de 2030, reformando el artículo 56 de la Constitución, a fin de que se valore la experiencia y el capital político de los expresidentes en beneficio del país”.

Es decir, este presidente sigue a pie juntillas el libro de los 46 gobiernos nacionalpopulistas que se han registrado en el mundo de 1990 a la fecha: 17 de ellos cambiaron la Constitución para ampliar su mandato y eliminar todo contrapeso legal.

Hará lo mismo que ya han hecho antes los gobiernos nacionalpopulistas, especialmente la dictadura chavista de Venezuela, que es el espíritu santo del nacionalpopulismo latinoamericano. Maduro hasta hizo otra Constitución, encima de la de Chávez.

Y, en México, el grupo político en el poder no hará nada diferente al chavismo.

Son lo mismo.