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A dos años de acabar su mandato oficial, el presidente incumplirá casi todas las promesas que le hicieron ganar 30 millones de votos. Y llegó la hora de quemar cartuchos: ayer aclaró que es Zoé Robledo el responsable de mejorar los servicios de salud pública.

Aunque fue el presidente, y no Zoé Robledo, quien prometió que, desde el primero de diciembre de 2020, México ya tendría un sistema de salud como el de Dinamarca. Pero el domingo pasado debió admitir: “No tenemos medicinas, pero va a haber”.

Qué ironía. Le ha sucedido lo que él le criticó a Carlos Salinas, cuando éste dijo que, el 1 de enero de 1994, México estaría en el Primer Mundo, con la entrada en vigor del TLC. A lo que entró fue al inicio de la crisis que tendría su punto peor en el Error de Diciembre.

Le ha sucedido igual, porque lejos de México tener un sistema de salud de altísimo nivel, como el Dinamarca, el presidente ni siquiera echó a andar el Sistema de Salud para el Bienestar (INSABI), que era su idea estrella para la salud en su gestión.

Las familias más afectadas son las de más bajos ingresos, que aumentaron el gasto en medicinas de 6.8 por ciento en el gobierno anterior, al 7.3 en el actual, a pesar de que éste llegó al poder en 2018 con el eslogan de “Primero los pobres”.

Ha sido un fracaso de estrepito su esquema de salud más eficiente y barata, porque lo que produjo fue sobrecostos, retrasos y escasez de medicinas, tanto que, el domingo, el propio presidente acepto: “Sí, no hay medicinas, pero va a haber”.

Los medicamentos más escasos son las aspirinas, omeprazol, insulina, atorvastatina, amoxicilina, diclofenaco y ciprofloxacina. Según el medio oficioso del gobierno, La Jornada, 35.7 millones de mexicanos pobres no ha tenido acceso a servicios de salud”.

La Jornada publicó que “entre 2018 y 2020, a la población afectada por la falta de medicamentos, principalmente en pobreza extrema, se suma que 15 millones de trabajadores carecen de seguridad social”.

Sin embargo, en un sistema de gobierno basado en una sola persona, como es la estructura de mando de la autollamada Cuarta Transformación, el mandatario jamás será el culpable de sus decisiones. Ayer, le tocó cargar con la responsabilidad a Zoé Robledo.

“Si no cumplimos con el compromiso de que haya atención médica gratuita de calidad para todos, la responsabilidad de la falla es de Zoé, porque es el director del Instituto Mexicano del Seguro Social”, advirtió el presidente.

O sea, llegó la hora de que la bagatela asuma los fracasos. Salvo excepciones (Urzúa, Martínez Cázares), todos lo sabían.

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