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En su primera referencias sobre narcotraficantes (ya como presidente electo), el populista colombiano de la escuela chavista Gustavo Petro, se asemeja al presidente mexicano: ambos ven a los capos como un producto nacional.

Su visión es ideológica. El populismo de izquierda ve a los narcotraficantes como resultado de la pobreza: ellos no eran criminales, fueron las carencias las que los convirtieron en cortacabezas y pozoleros de cuerpos en ácido.

Es igual a la frase atribuida a Roosevelt y Kissinger sobre los Somoza que fueron despiadados dictadores nicaragüenses, como hoy Ortega: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Roosevelt sobre Tacho; Kissinger sobre Tachito.

Petro propuso este domingo algo similar a la fallida estrategia mexicana de Abrazos y no Balazos: un “desmantelamiento pacífico del narcotráfico”; y

detener la extradición de los capos a Estados Unidos.

El actual gobierno mexicano está haciendo, desde diciembre de 2018, lo que pretende Petro en Colombia. Por ejemplo, México hizo en 2021 el menor número de extradiciones de criminales a Estados Unidos en los últimos 15 años.

Todo comenzó el 21 de octubre de 2019, cuando fue liberado por orden del gobierno mexicano el hijo de El Chapo, durante un operativo para cumplir una orden de aprehensión con fines de extradición a Estados Unidos.

“Se tomaron decisiones que yo respaldo y avalo porque estaban en riesgo muchos ciudadanos, tengo la conciencia tranquila, voy a exponer mis razones del por qué no a la violencia”, explicó el mandatario sobre su decisión.

El pavor de los capos es la extradición. En Estados Unidos les impiden hacer lo que hacen en las cárceles de sus países: escapar, dirigir el cartel, hacer fiestas, ordenar ejecuciones… Vamos: lo que muestra Epigmenio Ibarra en sus series.

En Colombia, Escobar tardó 406 días en fugarse de la cárcel que construyó él mismo para evitar la extradición. Allí tenía Canchas de fútbol, gimnasio, cascadas naturales, ventanales de cristal y obras de arte carísimas en las paredes.

Ahora, el presidente electo de Colombia plantea “supeditar la extradición al desmantelamiento en paz del narcotráfico”. La extradición ha sido en Colombia una gran herramienta para castigar a los narcos: les aterroriza.

En México, en momentos en que la DEA reactiva la búsqueda y captura de los capos de Culiacán, el gobierno eliminó la unidad de elite que trabajaba hacía 25 años en coordinación con la DEA para combatir cárteles.

Y, en respuesta, la DEA retiró un avión que tenía aquí para operaciones antinarcóticos desde hacía décadas, debido a que México le retiró el espacio de estacionamiento que utilizaba.

Total, los capos no tienen culpa. Fue la pobreza provocada por el neoliberalismo la que los orilló convertirse en criminales.

Hay que entenderlos, pues.