La trampa de las frases jocosas. El “cállate, chachalaca”, le costó la presidencia en 2006; el “abrazos, no balazos”, le costó convertirse, en Estados Unidos, en lo que allá llaman “un grano en la nalga”. El lunes, ya tuvo que explicarle a congresistas.

Aquí lo maneja como chistorete estilo “fuchi, caca” y “me canso, ganso”, pero allá lo agarraron y no van a soltar: la comunidad de inteligencia incluyó la venta y producción de fentanilo por los cárteles mexicanos como amenaza de seguridad nacional.

Resumen: la pasividad del presidente ante el control territorial y capacidad de fuego de los cárteles se volvió una insolencia, para el establishment americano, y ningún sector de poder quiere quedar fuera de condenarlo. Pegarle está de moda.

Aquí, el presidente gestiona muy bien el tema con el eficaz cantinfleo de la Mañanera y con su control sobre las portadas de casi todos los medios impresos, y los teasers de casi todos los noticieros de radio y televisión.

Sin embargo, el lunes tuvo que dedicar tres horas a explicarle a congresistas estadounidenses, en qué consiste su estrategia oficial de enfrentamiento a los cárteles, que consiste básicamente en no enfrentarlos, según su tesis de “abrazos, no balazos”.

La extensa rendición de cuentas del mandatario a los congresistas estadounidenses sólo apareció en una nota pequeña de la portada de El Financiero: en el cuadrante inferior derecho. Sí, aquí controla, pero en Estados Unidos es nota principal a diario.

Según el Reporte de Amenazas 2023, preparado por la Dirección Nacional de Inteligencia (FBI, CIA, NSA, Pentágono, DEA…) indica que el nivel de riesgos de los cárteles ya está al tope de la lista de problemas que ponen en peligro la seguridad de Estados Unidos.

La conclusión es que la producción y venta de fentanilo por parte de los carteles mexicanos mata a 100 mil estadounidenses al año, por sobredosis; y sugiere a la Casa Blanca que declare la catástrofe humanitaria como tema de “seguridad nacional”.

Pero, aún tiene suerte, porque para el único que todavía no es un “grano en la nalga” es para el presidente Joe Biden, quien teme que el presidente mexicano le juegue la carta migratoria en el año electoral, y lo haga perder la reelección.

A Biden de da pavor que, como Moisés con el Mar Rojo, de pronto la porosa frontera mexicana se abra milagrosamente a los migrantes ilegales que se agolpan de este lado, cada vez en mayor número.

Pero, mientras, es un grano para los demás: el embajador Salazar lo visita casi a diario; Juan González, encargado de América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional, viene a verlo; el exprocurador William Barr pide intervención…

Es noticia mala en Estados Unidos. Lo peor que podía pasarle.