Flotó y dejó al PAN el gasto del choque rudo con el gobierno. Pero ayer el PRI fue el fiel de la balanza para tirar la reforma eléctrica y se las ingenió para parecer el líder de la oposición, aun siendo la segunda fuerza y, para muchos, un partido corrupto y arruinado.

Santiago Creel la vio venir e intentó cambiar la dinámica con su petición de diálogo al mandatario, quien ni le respondió, y colocó al PRI como el rival a vencer en la votación que, ayer, hundió su sueño de “transformación”, al menos en el orden constitucional.

Aunque la política y los políticos van y vienen: lo esencial es que fue detenida la reforma que convertiría al gobierno en único suministrador de energía eléctrica y que expropiaba sin indemnizar a los empresarios, como en Cuba comunista de 1960.

Algo que da una idea de lo importante que es para el futuro del país la derrota de la propuesta del presidente es que, desde que fue anunciada, dejaron de entrar a México 50 mil millones de dólares que los inversionistas habían programado meter al área energética.

No deja de ser un mal trago que, ese PRI corrupto y arruinado (que no traga buena parte de la oposición y la crítica al presidente) fuera decisivo para enterrar la reforma que era la gran prioridad del mandatario para la parte final de su gobierno.

Pero lo cierto es que el capitalizó esta victoria legislativa, pues presentó su voto en contra como una decisión estudiada, y producto del Parlamento Abierto entre expertos, empresarios  y funcionarios del gobierno para que debatieran la propuesta.

Vamos, ayer el presidente del PRI hasta parecía el líder de la oposición (advirtiendo que “el legislativo no es un empleado del poder”), eclipsó al PAN y salió fortalecido en las negociaciones internas del bloque opositor como un actor indispensable.

Ahora serás grandes las tentaciones del PRI y su dirigente para ir solos en las elecciones presidenciales de 2024, de lo cual estaría feliz el presidente, quien va a presionar o incentivar (según sea el caso), para que el PRI no compita en alianza con el PAN y el PRD.

Pero el PRI y su dirigente están muy perdidos si ven traducidos automáticamente en votos los aplausos de hoy de muchos votantes de clase media y anti Morena. Incluso, los halagos de los empresarios. El PRI sabe que la mayoría de éstos prefiere al PAN.

El PRI debe mantenerse en la alianza. Su lectura más alentadora de este episodio, debe ser que el presidente más autoritario y poderoso de la historia no pudo doblarlo, dividirlo ni cooptarlo, aún estando el PRI en su momento más bajo.

Y que está de vuelta.