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Ocho años después, el grupo político que hoy gobierna admitió que los 43 del Caso Iguala están muertos, aunque desde el día del crimen armó, como oposición política que era entonces, una exitosísima campaña para hacer creer que estaban vivos.

En la campaña de comunicación de más éxito de la que hay registro, el grupo político que hoy gobierna le clavó el caso como “crimen de Estado” al gobierno federal, aunque el crimen ocurrió en un municipio y un estado gobernados por ese grupo político.

Las empresas de consultoría en comunicación política deben tener como su Santo Grial la búsqueda de la clave del éxito que tuvo, siendo oposición, el grupo político que hoy gobierna, para sacarse de encima sus responsabilidades políticas en el Caso Iguala.

Porque los 43 fueron desaparecidos por orden del alcalde del ala del PRD que se convirtió en Morena (José Luis Abarca), porque sabotearían un acto en el que su esposa (María de los Ángeles Pineda) presentaría su candidatura para sucederlo.

Morena quitó a su candidato al gobierno de Guerrero (Lázaro Mazón) para “no vulnerar al partido”, por su relación con Abarca. Mazón era el recolector de firmas para la consulta popular con la que Morena buscó tirar la reforma energética de Peña.

Ángel Aguirre, del PRD que luego se convirtió en Morena, renunció como gobernador de Guerrero en medio de la crisis, que inició cuando Abarca, con sus ligas con el crimen organizado, presuntamente asesinó al activista de izquierda Arturo Hernández.

Sin embargo, el grupo político que hoy gobierna logró hasta cambiarle el nombre al caso: desde el primer en el mundo se le conoce como Caso Ayotzinapa, aunque sucedió en Iguala. ¿Por qué fue un exitazo de comunicación política el cambio de nombre?

Porque Ayotzinapa es un nombre glorioso en la historia contemporánea en la lucha por las reivindicaciones sociales. Su Escuela Normal Rural fue cuna de guerrilleros iconográficos de la izquierda radical como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.

Ayotzinapa es una especie de río Jordán que purificó todo tipo de lucha contra los gobiernos anteriores, aunque la mayor parte de esa lucha ha sido robando camiones de papas fritas y refrescos de Coca Cola, secuestrando autobuses y vandalizando ciudades.

Sin embargo, la realidad del Caso iguala es todo menos una leyenda romántica de la izquierda, porque los 43 fueron secuestrados, asesinados, incinerados y arrojados al río San Juan, por el Cártel Guerreros Unidos, al confundirlos como miembros de Los Rojos.

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”: éste fue el eslogan de la campaña por los 43 que entonó desde la oposición el grupo político que hoy gobierna. Pero, ya en el poder, ayer les informó a los padres:

“Están muertos”.