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La imagen de Noroña cargado de bolsas de Palacio de Hierro, representa la mística del nacionalpopulismo: llegar al poder para reproducir el estilo de vida de aquellos a quienes se lo arrebatan: su negocio político es un ordinario quítate tu para ponerme yo.

Es una corriente política holgazana que vive de lo que roba, expropia o controla. No crea nada propio. Por ejemplo, la dictadura cubana lleva 65 años en el poder y acaba de instalar un museo de su fallecido santón Fidel Castro, en una mansión que expropió.

En 65 años, los nacionalpopulistas cubanos fueron incapaces de construir ellos mismos un local para venerar el legado de su líder; y lo hacen en una propiedad robada a una familia de banqueros en 1959. Sí: s una corriente política rémora.

El viernes, el gobierno cubano anunció que no tiene azúcar ni café para venderle a los ciudadanos por la cartilla de racionamiento. Pero el museo de su santón, que predicaba la pobreza, tiene vitrales, arañas de cristal, puertas y escaleras talladas en maderas preciosas.

Es igual en Venezuela, donde 20 años después de llegar al poder y vivir en fracaso político, económico y social, el nacionalpopulismo impuso la Ley Antibloqueo, para que sus funcionarios compren los bienes expropiados a sus opositores.

Se devuelven lo que ellos mismos robaron, vendiéndose, bajo confidencialidad, los inmuebles y empresas confiscados a particulares, desde la llegada al poder en febrero de 1999. Incapaces de crear riqueza en 25 años, hurtan la que había cuando llegaron al gobierno.

Es una reedición de la Piñata Sandinista, en la que lo miembros del gobierno comunista de Nicaragua (que perdió el poder en 1997) se robaron cinco mil fincas, casas y departamentos que confiscaron a las clases medias y altas con reformas sociales y agrarias.

Los sandinistas retomaron el poder en 2007 por la vía democrática, y cambiaron la Constitución para que el dictador Daniel Ortega gobierne mientras viva y pueda heredar el poder a su esposa, para que siga robando lo que construyeron otros.

Porque todo eso de cuarta transformación, revolución y comunismo sólo se trata de personas que, para tener el poder y los bienes de los otros, arman un discurso que provoque resentimientos y rencores, para llegar al poder.

Aquí, el librero de Palacio, Taibo, dijo sobre los empresarios: “Que chinguen a su madre, ¡exprópienlos!” Y sobre los opositores: “Se la metimos doblada. Fusílenlos”. Y sobre los intelectuales críticos: “Exílienlos”.

Su mensaje demuestra que las luces de la libertad apagadas en México, desde 2018, no serán vistas encendidas de nuevo en la vida de millones. El régimen que se apoderó del funcionamiento del país está diseñado para no ceder nunca el poder.

Transformaron a México.