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La probabilidad de triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha disminuido estrepitosamente en las últimas semanas.

De acuerdo al portal fivethirthyeight.com —que calcula la probabilidad de triunfo con base en un estimado de los resultados de la votación a nivel estatal soportado en una amplia muestra de encuestas estatales— estimaba al cierre de ayer que la probabilidad de triunfo de Donald Trump era de 14 por ciento. Esta cifra contrasta drásticamente con el máximo de 45.2% alcanzado por el candidato republicano el 26 de septiembre.

No obstante, los resultados inesperados en votaciones recientes como la del Brexit y el referendo de paz en Colombia son recordatorios de que, en fechas recientes, las encuestas no han sido herramientas de predicción confiables.

Asimismo, al faltar todavía cuatro semanas para la elección todavía pueden pasar muchas cosas. Suponiendo que la elección fuera hoy, una probabilidad de triunfo de Donald Trump de 14% sigue siendo preocupante para México, si la ponderamos por el impacto potencialmente nocivo que tendría sobre la economía mexicana.

Un improbable, pero no imposible, triunfo de Trump podría, o no, ser catastrófico para México, dependiendo de la voluntad y facilidad que pudiera tener como presidente para cumplir sus promesas de campaña; sin embargo, si el 8 de noviembre nos vamos a dormir con la noticia de que Trump ha ganado, los mercados no van a esperar a ver si éste va a cumplir o no con sus promesas de campaña y van a asumir lo peor. Es por eso que el gobierno mexicano debe tener un plan de emergencia para enfrentar una posible crisis de liquidez desatada por un eventual triunfo del candidato republicano.

En 1993, cuando el Congreso de Estados Unidos se preparaba para votar el TLCAN, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, encabezada por Pedro Aspe, tenía un plan contingente muy claro para enfrentar la turbulencia que sin duda hubiera provocado el rechazo al TLCAN.

De la misma manera, la SHCP encabezada por José Antonio Meade y el Banco de México (Banxico) deben tener un plan de emergencia para enfrentar una eventual elección de Trump. El objetivo principal de dicho plan debe ser mitigar una crisis de liquidez y, por lo tanto, debe tener como pilar principal una ampliación de las líneas contingentes del Fondo Monetario Internacional o el establecimiento de líneas complementarias de financiamiento con otros órganos multilaterales como el Banco Mundial y el BID.

Nuestro país debería aspirar a tener un “colchón” total, incluyendo las reservas internacionales, de por lo menos 350,000 millones de dólares. Adicionalmente y en caso de ser necesario, el Banxico debería jugar un papel clave como proveedor de liquidez al sistema financiero mexicano, estableciendo líneas especiales de fondeo interbancario y abriendo una ventana de dólares para los bancos y los corporativos mexicanos.

Asimismo, el gobierno federal probablemente se vería obligado a anunciar un ajuste importante en el presupuesto que contemple recortes adicionales. Por otro lado, la banca de desarrollo podría establecer facilidades especiales de fondeo y refinanciamiento para dar liquidez a las pymes o ampliar su programa de garantías para que la banca comercial les siga dando crédito.

Adicionalmente, el gobierno podría contemplar un mecanismo de apoyos, mediante subsidios, a las empresas exportadoras que fueran víctimas de posibles medidas proteccionistas por parte del gobierno de Estados Unidos. Dicho subsidio podría ser fondeado por tarifas compensatorias impuestas a bienes importados de EU como represalia.

En un caso extremo, el gobierno podría inclusive implementar mecanismos de capitalización para la banca con instrumentos como obligaciones subordinadas. Un eventual plan de emergencia puede contemplar todas, muchas, o solo algunas de estas medidas, pero a menos de que el escenario electoral en Estados Unidos nos dé una sorpresa, nunca lo sabremos.