Ricos entre los ricos


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Hoy, ayer para el lector, mientras esperaba con ansias el depósito de mi sueldo en el banco para con ello liquidar el saldo de mi tarjeta de crédito y no pagar los intereses bancarios más altos del mundo que son los que pagamos los mexicanos, muy buenos para bulear, pero muy dejados, tibios y pendejos para protestar, me encontré con una información: datos duros que más que una estadística son una mentada de madre; cifras que son bullying económico para la inmensa mayoría de la población del planeta; un lamentable estado de cosas que de no componerse puede generar, en menos tiempo del imaginable, un auténtico calentamiento global social.

Hoy, ayer para el lector, mientras esperaba con ansias el depósito de mi sueldo en el banco para con ello liquidar el saldo de mi tarjeta de crédito y no pagar los intereses bancarios más altos del mundo que son los que pagamos los mexicanos, muy buenos para bulear, pero muy dejados, tibios y pendejos para protestar, me encontré con una información: datos duros que más que una estadística son una mentada de madre; cifras que son bullying económico para la inmensa mayoría de la población del planeta; un lamentable estado de cosas que de no componerse puede generar, en menos tiempo del imaginable, un auténtico calentamiento global social.

La información de referencia proviene de Oxfam, una confederación mundial de organizaciones sociales de 20 países que tiene como objetivo trabajar para lograr un mayor impacto en la lucha internacional para reducir la pobreza y la injusticia.  Oxfam fue fundada en el año 1995 pero debe su nombre y origen al Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre, fundado en Gran Bretaña en 1942, compuesto por un grupo de ciudadanos que trabajó en campañas para que los barcos del bloque aliado llevaran provisiones de comida a las mujeres y niños de Grecia, país ocupado por el bloque enemigo durante la Segunda Guerra Mundial.

Un informe publicado por Oxfam, el 16 de enero del año que va a entrar a sus postrimerías, titulado “Una Economía para el 99 por ciento” nos hace saber que ocho hombres poseen la misma riqueza que los 3,600 millones de personas que conforman la mitad más pobre de la humanidad. El documento detalla cómo las grandes empresas y los súper ricos están fomentando la crisis de desigualdad al evadir impuestos, reducir los salarios y usar su poderío económico para influir en la política.

Reproduzco lo que apenas leí del dossier que data del primer mes del año pero que a mí, ignorante de temas económicos, me causó desasosiego y que al transcribirlo, en un periódico como El Economista, que ofrece a sus lectores la mejor y más oportuna información económica en el país, puede hacerme ver como el monaguillo que le quiere enseñar el Padre Nuestro al señor obispo.

De antemano pido una disculpa para aquellos lectores-obispos que conozcan el Padre Nuestro de las cifras que yo apenas descubrí y que me motivaron a compartirlas con aquellos lectores no iniciados con ánimo de suscitar una reflexión sobre la desigualdad extrema en el mundo que está alcanzando una insufrible cuota de injusticia social que en cualquier momento puede estallar.

Actualmente el uno por ciento más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99 por ciento restante. El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha, dejando sin esperanza a millones de personas pobres. El entramado mundial de paraísos fiscales permite que una minoría privilegiada oculte en ellos 7.6 billones de dólares.

Los más ricos del mundo están acumulando riquezas a ritmo frenético, de tal suerte que, en un lapso de 25 años, el mundo podría ver al primer trillonario en dólares. Para poner la cifra en perspectiva se necesitaría gastar un millón de dólares diarios durante dos mil 738 años para apenas desembolsar un billón.

Según Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam International: “Es obsceno que tanta riqueza se mantenga en manos de tan pocos cuando 1 de cada 10 personas sobrevive con menos de dos dólares por día. La desigualdad está atrapando a cientos de millones en la pobreza, está fracturando nuestras sociedades y socavando la democracia. En todo el mundo, la gente se está quedando atrás. Sus salarios están estancados, pero los empresarios se llevan a casa bonificaciones millonarias; los servicios de salud y educación se reducen, mientras que las empresas y los súper ricos eluden sus impuestos; sus voces son ignoradas mientras los gobiernos cantan al ritmo de los grandes negocios y una élite adinerada”.

Otras opiniones de la señora Byanyima, líder en el ámbito de los derechos de las mujeres, la gobernanza democrática y la construcción de la paz, dignas de tomarse en cuenta son las siguientes: “Los millones de personas que han quedado atrás por nuestras economías rotas necesitan soluciones, no chivos expiatorios. Es por eso que Oxfam está estableciendo un nuevo enfoque de sentido común para administrar nuestras economías, con la finalidad de que funcionen para las mayorías y no sólo para unos pocos afortunados (…) Los gobiernos deberían de aumentar los impuestos tanto a la riqueza como a los altos ingresos para garantizar un campo de juego más nivelado y para generar los fondos necesarios para invertir en asistencia sanitaria, educación y creación de empleo (…) Si los políticos dejan de obsesionarse con el PIB —y se abstienen de ser corruptos, acoto yo, que creo en imposibles— centrándose en servir a todos los ciudadanos y no sólo a unos pocos ricos, un futuro mejor es posible para todos”.

Advierto que mi escrito no es un manifiesto revolucionario ni mucho menos. Soy un pequeño burgués anarquista. Jamás he vivido de la explotación del trabajo ajeno sino que aplicándome en el propio he logrado para mí y los míos vivir con las comodidades y el decoro de la clase media. Afortunadamente, todavía, no me han tocado pertenecer a la nueva clase social que el mal manejo económico ha generado: la de los nuevos pobres.

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  1. Cuando los robots nos alcancen (I)

    Hace algunas semanas, el 13 de septiembre del presente año para decirlo con precisión, el periodista Enrique Campos Suárez, publicó en El Economista, una columna a la que tituló Cuando un robot haga mi trabajo. De lo escrito por Enrique me impactó saber que un estudio de la firma McKinsey, señaló que dentro de poco más de una década una tercera parte de los trabajadores estadounidenses habrán perdido su empleo frente a un robot. Y en todo el mundo, unos 600 millones de personas habrán perdido su chamba por el desplazamiento de una máquina.

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