Requiem por un partido

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Norma Meraz¡Digamos la verdad!

Un cuerpo de casi 90 años de edad, en condiciones óptimas, esta disminuido física y mentalmente. Por muy buena calidad de vida, cuidados y atención adolece de achaques y enfermedades. Se le llama vejez

Un cuerpo de casi 90 años de edad, en condiciones óptimas, esta disminuido física y mentalmente. Por muy buena calidad de vida, cuidados y atención adolece de achaques y enfermedades. Se le llama vejez.

Llevar a cuestas una historia colmada de enfermedades y cirugías, por razón natural es un cuerpo que ha perdido energía, y sus capacidades auditivas, visuales, motrices y cognitivas; sin embargo, es un enfermo que se resiste a reconocer la verdad, la gravedad de su estado. Se niega a aceptar la realidad y todavía quiere ser joven, imposible. Pero este anciano también se resiste a aprovechar la sabiduría de la experiencia. si su conducta es la del adolescente que alguna vez fue, pero dio paso a las enfermedades y la ancianidad no reconocida.

Este cuerpo que agoniza se llama Partido Revolucionario Institucional, irreconocible porque no se deshizo de lo malo, pero tampoco asumió lo bueno.

El PRI fue desde siempre el referente del poder en México.

El año 1994 fue el del quiebre para ese partido.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional EZLN se levanta en armas contra el Gobierno Federal en Chiapas y obliga a posponer el arranque de la campaña presidencial del candidato priista, Luis Donaldo Colosio, que a menos de dos meses de campaña, es asesinado arteramente, en Tijuana, BC. Y unas semanas más tarde, asesinan al que sería el líder priista en la Cámara de Diputados, José Francisco Ruiz Massieu.

Rápidamente el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, nombra a Ernesto Zedillo Ponce de León, nuevo candidato de su partido a la presidencia. Zedillo, un tecnócrata que gracias al duelo por Colosio, arrasa la elección con 17 millones de votos.

Zedillo mismo se extraña de haber ganado, al expresar al presidente del PRI: “estas seguro que fue una elección equitativa?”

En cuanto toma posesión de la Presidencia del país, decreta una “sana distancia“ respecto del PRI que lo llevo al poder. Desconoce y reniega de su procedencia, lo que equivale a avergonzarse de ser priista, historia que hoy se repite con el candidato José Antonio Meade, quien lleva al PEI como una pesada loza de la que no se puede deshacer.

Con el ya presidente Zedillo, El priismo de cepa también le pone distancia al recién estrenado presidente.

Desilusionado el priismo, opta por fortalecer el poder de los gobernadores surgidos del Revolucionario Institucional.

El poder real se depositaba ya en los gobiernos estatales cuyos cotos de poder les permitió empoderarse y disponer a modo la designación de senadores diputados y alcaldes. Construir sus cacicazgo locales.

El PRI empezó a dar traspiés sin un líder que les inspirara respeto y sumisión. Es así que empezaron a moverse las fichas del tablero político nacional.

El  PRI que  había sustentado su fuerza en el nacionalismo revolucionario, en la creación de instituciones sociales fuertes como El Seguro Social, la CONASUPO, que llevó a cabo la nacionalización de la industria eléctrica, la defensa de nuestros recursos naturales y la ampliación de nuestra zona marítima exclusiva a 200 millas, entre otros; fue abandonando las banderas de la justicia social. Se privatizaron el ejido y los ferrocarriles.

Como reliquias quedaron los postulados de Luis Donaldo Colosio. Los tres sectores del partido se volvieron entelequias.

Se extinguieron los liderazgos, elementos estos, sustanciales en una organización política.

El PRI traicionó las expectativas de sus militantes y simpatizantes. Cuando muchos pensaron que ese partido sería invulnerable emerge la triste realidad: el PRI se encuentra en manos de tecnócratas extranjerizantes, relegando a los políticos y haciéndose le las riendas del partido.

Este instituto político deja de ser competitivo, deja de tener fuerza propia y capacidad autocorrectiva. El PRI sufre una implosión y una autodestrucción provocada desde arriba por el absolutismo presidencial.

El partido Revolucionario Institucional es un enfermo grave” pero estable“, diría un médico.

La tranquilidad que le queda a este agónico padre, es que sus hijos están bien colocados en otros partidos como: MORENA, PRD, PANAL y Movimiento Ciudadano .

Los errores son oportunidad para aprender, ojalá les alcance el tiempo, porque el futuro ya los alcanzó.

Enrique Ochoa Reza, su presidente impuesto hasta ayer, era el natural enterrador del PRI, pero sólo se encargó de su muerte. Sepultado le tocará al siguiente, René Juárez Cisneros, José Calzada Rovirosa o algún otro purista dispuesto a esa vergonzosa tarea. Ochoa Reza optó por la huida y ahí dejó al muerto. Sólo que los tecnócratas creen que todavía respira, aunque ya apesta.

Digamos a la verdad!!