Reporte de campaña, 7 de 13


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Roy CamposNúmeros, Opinión y Política

Cuando todo parecía indicar que la séptima semana de campaña presidencial sería incluso más aburrida que las anteriores, explota la bomba


Foto de Noticieros Televisa

Cuando todo parecía indicar que la séptima semana de campaña presidencial sería incluso más aburrida que las anteriores, explota la bomba. Margarita Zavala retira su candidatura, lo que es el evento más importante hasta la fecha y no por los puntos que tenía, como algunos desesperados tratar de debatir. En realidad eso importa poco porque no cambiaría mucho. Trataré de dar un tratamiento puntual.

El contexto. Margarita era la única mujer en la boleta. Llega después de un proceso traumático donde divide al PAN, peleada (lo digo claro) con Ricardo Anaya; ella aventajaba claramente en las encuestas de aspirantes panistas, pero consideró que la competencia no estaba pareja, que no la dejaron competir y su salida a mediados de 2017 inició la división en el partido y el incremento de opiniones negativas hacia el hoy candidato. Posteriormente, Margarita llega a la candidatura no sin problemas y no sin cuestionamientos sobre las firmas presentadas, pero más allá de ello, es la primera mujer candidata por la vía “sin partido”. Retira su candidatura días antes del segundo debate y después de semanas de caídas en las preferencias a su favor, su participación en el primer debate no fue muy afortunada debido a que sus contrincantes la ignoraron y recientemente se quejaba del problema de recursos para su campaña. En las encuestas que conozco, Jaime Rodríguez ya la había superado, así que su retiro parecía lógico. Entre llegar a julio con baja votación y volverse el botín de varios que ahora la cortejan hay una gran diferencia; su futuro es distinto y seguramente veremos Margarita para muchos años, no sé si buscando crear una nueva fuerza política o recuperar el control del PAN, pero en ambos casos recorriendo el país.

El efecto. No se trata de qué va a pasar con sus 3 o 4 puntos (entre 2 y 2.5 millones de personas), si nos quedamos en ese análisis nos quedamos en lo marginal. Imaginemos simplemente que 50% se fueran con Anaya, 20% con Meade, 10% con El Bronco, 10% con AMLO y 10% se perdieran por anulación o abstención, en ese caso el diferencial entre el puntero AMLO y el segundo lugar Anaya se reduciría entre 1.2 y 1.5 puntos porcentuales, muchos en una elección cerrada pero pocos en una elección abierta, incluso mucho menor a los errores estadísticos de las encuestas, así que no es esto lo importante.

El verdadero efecto “posible” —y lo entrecomillo para reiterar que podría no existir— es que genere una crónica distinta de la campaña. Como recordatorio, en 2012 las primeras ocho semanas fueron muy aburridas con Peña Nieto conservando amplia ventaja, y en las últimas cinco las cosas se movieron y López Obrador no sólo superó a Josefina Vázquez Mota sino que cerró la brecha de prácticamente 20 a solamente 7 puntos. Es decir, un repunte importante que después se leyó como “le faltó tiempo para alcanzar”. En esa elección la pregunta no fue “¿Por quién votan los asistentes al auditorio de la Ibero?”. No. Lo realmente importante fue que a partir de ese momentose generó, espontánea o estratégicamente, un movimiento juvenil y este movimiento fue primero identificado como anti-PRI y posteriormente aterrizado en grupo de apoyo a López Obrador.

Pues bien, lo que hizo Margarita, a pesar de que no se inclinó abiertamente por algún candidato, podría, bajo ciertas condiciones, generar algún efecto, no del mismo tamaño porque no surge de la sociedad sino de políticos, pero por lo pronto durante algunos días cambió la conversación. Dejamos de hablar de los detalles poco atractivos para el votante, aunque muy importantes para el país, de la reforma educativa, y por primera vez el tema no lo puso AMLO. Margarita le quitó el micrófono y, como he dicho, repetido y reiterado, “la conversación es la campaña”. ¿Qué sigue? ¿Desaparecerá Margarita unas semanas para regresar después de la elección? ¿Nos dirá no por quién votar sino por quién no votar? Mensaje por cierto no dirigido a sus potenciales votantes, sino al resto de ciudadanos, a los volátiles o los apáticos, de eso depende que haya efecto, pero puede ocurrir que en unos días regresemos a una dinámica donde López Obrador ha resultado el más efectivo.

El domingo es el segundo debate y Margarita estará presente sin ir. Los otros candidatos seguramente la mencionarán en su búsqueda de simpatías (salvo, probablemente, AMLO).

Hacia el debate. El Bronco seguramente nos regalará algunos momentos y palabras disruptivas, es su esencia. Anaya hará como siempre un gran debate, se prepara y se desenvuelve muy bien en su terreno preferido; en el primero, su error fue no utilizar el buen momento como plataforma de lanzamiento para crecer. A Meade lo veo sorprendiéndonos, seguramente analizó su primera intervención el 22 de abril y será ahora otro, asertivo, simpático y agresivo a la vez. Tiene la ventaja de que la expectativa que dejó después del primer debate es baja, así que podría sorprender y convertirse en un “ganador”. Y, por último, AMLO irá de nuevo a “conservar la ventaja”, a disminuir el riesgo restándole importancia el evento, a “no engancharse” con ningún ataque y dirigirse a sus votantes que lo quieren ver con su estilo, sin cambios. Esta tal vez será la última oportunidad que tendrán los demás para hacerlo resbalar y él lo sabe; si sale bien librado y ninguno de sus adversarios logra algo importante, las probabilidades de su triunfo, ya altas, subirán.