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Que el Poder Judicial de la Federación necesita una reforma es, en mi modesta opinión, algo necesario. Son muchas las violaciones a la ley y mucha la impunidad emanadas de la institución encargada de impartir justicia. Si a esto se agrega los altos estipendios y las elevadas prestaciones de las que gozan los jueces y magistrados, es comprensible la necesidad de exigirle equidad, honestidad y eficacia, mediante una reforma a este poder de la unión.

Si de lo anterior pasamos a la ficticia necesidad de que la susodicha reforma se ejecute antes de que el presidente López Obrador se retire a escribir a su finca de Palenque, sin considerar el contexto de las circunstancias económicas y geopolíticas de nuestro país, es evidente que la necesaria reforma se está realizando a trancas y barrancas. Sin pausas y con prisas. Sin reflexionar que la impaciencia y la premura pueden acarrear consecuencias negativas para el país.

Si se considera la discutida sobrerrepresentación tan satanizada por la oposición, pero legal en nuestro país desde 1977 —época en la que solamente los chicharrones priistas tronaban— según la explicación del jurista y comunicador, Eduardo Andrade Sánchez, investigador del Colegio de Veracruz, magistrado en retiro y priista desde antes que Alito fuera inscrito en el kínder gángster, bien pueden esperarse las mayorías de Morena y adláteres a que se calmen las aguas para hacer la reforma despacito y con buena letra.

Lo que sucede es que el presidente López Obrador quiere terminar su periodo de gobierno a tambor batiente y la reforma judicial es el último proyectil que quiere lanzar al bando conservador sin importarle que el estallido y sus consecuencias rebasen lo que el sentido común sugiere.

El dirigente nacional de Morena, próximo secretario de Educación Pública, Mario Delgado, les pidió a los legisladores del Partido del Trabajo, hacer todo lo posible para sacar adelante la reforma al Poder Judicial durante el mes de septiembre para que el presidente López Obrador se la lleve “como un gran regalo”. Por lo visto Delgado, también se siente dirigente del PT y, sobre todo, al parecer, con tal de darle un regalo y quedar bien con el presidente que se va no percibe los obstáculos a los que tendrá que enfrentarse, a consecuencia de la reforma, la presidenta que llega —supuestamente su jefa.

Y mientras le pusieron moño al regalo presidencial con el voto a mano alzada de los asistentes al informe presidencial el pasado domingo, continúan las protestas en todo el país de los trabajadores del Poder Judicial y de los estudiantes de Derecho. Obstáculo al que se suma el hecho de que AMLO haya decidido poner en pausa las relaciones con las embajadas de Estados Unidos y Canadá, por las declaraciones sobre el riesgo de la reforma Judicial de los representantes de estas naciones, Ken Salazar y Graeme C. Clark, respectivamente.

Lo que es un hecho es que Claudia Sheinbaum tendrá que poner los cimientos del segundo piso de la cuarta transformación con base en confianza y a través de acuerdos políticos, económicos y sociales para librar los obstáculos aquí descritos y acabar con la polarización que nos lacera.

Si bien, el próximo gobierno tendrá la mayoría política, no debe ignorar la realidad económica. También los poderes que tienen la sobrerrepresentación del dinero, no deben desdeñar que los sectores medios y marginados de la sociedad votaron tumultuariamente por el gobierno que viene y que éste será encabezado por una mujer de gran inteligencia emocional —no se engancha por “quítame estas pajas”— que ha dado diversas pruebas de su voluntad para conciliar los intereses de los sectores empresariales y financieros, sin dejar a un lado el lema de primero los pobres.

Punto final

El que inventó las toallitas húmedas esas que cada vez que quieres usar una salen cuatro, debería de haber inventado el cajero automático.