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¡Pues ya está! El gobierno federal se queda con su pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto para este año de 2.7 por ciento, independientemente del resultado del segundo trimestre publicado hoy por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La estimación fue refrendada por el propio presidente Enrique Peña Nieto en la entrevista televisiva patrocinada por el Fondo de Cultura Económica.

Como parte del guión del encuentro, el jefe del Ejecutivo habló del crecimiento económico presente y futuro. Y ahí claramente dijo que la economía empieza a exhibir señales de mejoría frente a los primeros meses del año.

Acto seguido, refrendó la expectativa de crecer este año 2.7 por ciento, previsión que la Secretaría de Hacienda revisó como su meta tras conocer el resultado de la economía al cierre del primer trimestre del año.

Ya escucharemos hoy al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, cómo ve las cosas después de conocer el resultado publicado por el INEGI. Porque ayer que lo entrevistaron en la radio no le preguntaron nada del crecimiento económico. Sólo atendió largo y tendido las obsesiones petroleras de algunos grupos políticos. Era una gran oportunidad de ver hacia adelante en los temas económicos, pero en fin.

Independientemente de las revisiones a las expectativas de crecimiento que a partir de hoy se hagan, hay consenso en que lo que sigue es un camino hacia arriba, a la recuperación.

El motor más activo del crecimiento económico es otra vez el sector externo. Los datos económicos de Estados Unidos apuntan a un dinamismo superior al esperado y con baja inflación.

La industria estadounidense crece y jala la proveeduría nacional. La industria de la construcción se recupera y crea empleos para la mano de obra mexicana. El consumo sale de su pasmo y demanda bienes terminados mexicanos.

Los matices del ritmo de crecimiento de México vienen por la parte interna. El consumo interno se mantiene deprimido y como se trata de la principal actividad económica del país, evidentemente se refleja en la lentitud de la recuperación del Producto Interno Bruto.

Como sea, la confianza que el gobierno de Peña Nieto tiene en las reformas estructurales es tan alta que mantienen sus buenos deseos de crecer 5 por ciento para el cierre de este sexenio.

Es difícil creer en un pronóstico así de optimista que llega desde el gobierno federal al cual si algo lo ha caracterizado es precisamente fallar en sus pronósticos optimistas.

Como sea, tiene también un consenso amplio el adelantar un crecimiento más dinámico derivado de las reformas, muy en especial la energética. No hay duda de lo cuantiosas que serán las inversiones tanto públicas como privadas. No hay muchos cuestionamientos respecto del apetito internacional por entrar al sector energético mexicano. Sin embargo, eso no es suficiente para mover a México.

Quizá habría sido conveniente que el propio presidente Peña no le diera los santos óleos al Pacto por México, porque además de que la pretendida reforma agraria podría necesitar el aval político de la oposición, era mejor en todo caso permitir la muerte natural del acuerdo.