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Bomba financiera con cargo al erario.

Ojalá no pase de noche el debate sobre los necesarios cambios en la relación laboral de Petróleos Mexicanos con sus trabajadores, porque esa es una de las partes esenciales de una verdadera reforma energética en este país.

El argumento de que el pasivo laboral de millones de millones de pesos ya es deuda pública es una salida fácil, cierta, pero incompleta para entender que si no se modifica radicalmente la relación obrero-patronal en Petróleos Mexicanos (Pemex), Comisión Federal de Electricidad (CFE) y otras tantas entidades públicas, nos la vamos a pasar de rescate en rescate durante las siguientes décadas.

Y la verdad ya estuvo bueno que con cargo a nuestro trabajo se tenga que pagar las barbaridades que cometen otros.

La bomba financiera creada en las industrias petrolera y eléctrica es producto de la irresponsabilidad política acumulada. Siempre fue más fácil comprar voluntades sindicales para controlar al sector obrero que buscar la productividad. Esa es otra de las desventajas de los monopolios.

Sanear las finanzas de Pemex y la CFE no es simplemente vaciar la bacinica para que con el tiempo la vuelvan a llenar. Es deshacerse de todo eso que podría acabar por anular a estas dos empresas públicas en un ambiente de competencia.

Es algo que ya vimos que puede suceder, incluso dentro del ámbito cerrado en el que todavía hoy se mueve el sector energético.

Luz y Fuerza del Centro (LFC) fue carcomida desde sus entrañas por un sindicato irreflexivo al que no le importó acabar con la empresa en el nombre de sus absurdas prestaciones históricas, que resultaban insostenibles.

Cuando Calderón toma su gran decisión sexenal de terminar con el robo nacional que era LFC sabía que tenía a un lado a la CFE que podía hacerse cargo del enorme paquete de surtir de luz a la zona urbana más poblada del país.

La CFE inició ya hace algunos años el cambio de sus condiciones laborales. Lo malo es que será un cambio tardado que puede afectarle en la competencia con los privados que llegarán nuevos, libres de presiones y pasivos laborales previos.

La situación de Pemex podría ser peor en el futuro si no cambia las condiciones laborales que resultan hoy insostenibles.

Es sabido que un trabajador petrolero se jubila a los 55 años. Algo lógico hace 50 años cuando la expectativa de vida era de 60 años. Hoy en promedio vivimos hasta los 80 años.

Es común que los empleados tengan acceso, como prestación, a los productos de la empresa en la que laboran. Desde llantas o papitas hasta vuelos gratuitos. Pero en una cantidad que no comprometa a la propia empresa.

En Pemex tanto trabajadores en activo como jubilados tienen derecho a más de 80 litros de gasolina al mes gratuitos. Multiplique por favor esa cantidad por 220,000 beneficiarios y por casi 13 pesos por litro y verá por qué Pemex pierde en gasolinas y el gobierno federal lo subsidia con nuestros impuestos. ¡Son al año 2,800 millones de pesos!

Además les pagan el aceite de sus coches y el gas que usan en sus casas. Entre muchas otras prestaciones no justificadas en los niveles de productividad de la empresa.

Se abrió la caja de Pandora y no se vale que la tapen otra vez como si nada con cargo a las finanzas públicas del país.