De ser aprobada, las próximas elecciones se ganarán por medio de “acordeones” del poder, para todo lo que siga, incluyendo cambiar la Constitución para lo que se les ocurra, de ocurrencia…
No hubo castigo para el voto condicionado, amañado, cooptado por acordeones. Consecuencia directa tenemos una Suprema Corte de vergüenza nacional, no solamente por la compra de las camionetas blindadas, o la boleada de zapatos de don Huguito sino por la ignorancia supina de varios ministros, que no se suple con siglas partidarias.
El riesgo para las próximas elecciones, de aprobarse la reforma electoral que dio a conocer la Presidenta, es que vuelvan a ganar los acordeones. Que tengamos un Congreso al servicio de los deseos del gobierno, del Poder Ejecutivo, sin ninguna capacidad, algunos electos por rifas como ya hemos padecido.
A su obsequiosa obediencia se sumaria el total desconocimiento de nuestra Constitución, de nuestras leyes, hasta de conocimientos elementales. Un Congreso servicial e ignorante.
Ese el riesgo de aprobarse la reforma electoral.
Porque todo estaría en manos de electores condicionados por un plato de sopa, que irían a votar con un acordeón en la mano, cancelando toda opción para que lleguen diputados contrarios a las políticas oficiales. No porque sean mejores o podamos confiar plenamente en ellos, sino simplemente por su contrapeso al poder. Y necesitamos con urgencia, si creemos en la democracia, contrapesos al totalitarismo que cada día se fortalece más con políticas clientelares y populistas.
En un país de pobres donde los pobres siguen existiendo, siguen siendo pobres, se agradece cualquier apoyo. Imposible negar que las pensiones, las becas, han sido un paliativo para situaciones de extrema pobreza. Pero no han sido solución, con datos oficiales, del INEGI, los pobres siguen siendo muy pobres.
Esos favorecidos van a salir a votar con su ignorancia a cuestas, sin saber siquiera quiénes son los candidatos, con un acordeón en la mano que como en los peores tiempos priístas les fue entregado. Así como obtuvieron, desde Palacio Nacional, una Suprema Corte a modo, donde personas tan ignorantes como Lenia Batres no puede siquiera leer la ponencia que le escribieron sus asesores, repito siquiera leer, son las protagonistas responsables, así de igual manera tendremos un Congreso sin una voz disidente.
“Que se ganen los votos, que hagan campaña, que salgan a las calles a convencer a la gente”, gritan desde el gobierno, pero se sabe casi imposible ganar a los designios de los poderosos que reparten dinero, pensiones, becas, ayudas sociales. Esas mayorías serán las que decidan con acordeón en la mano.
La reforma electoral es un proyecto de Nación.
Es, también, un proyecto de poder que quiere más poder.
Resulta inmensamente paradójico que hoy por hoy su aprobación, tan peligrosa, esté en manos de los niños verdes, que esos políticos de discoteca tengan la decisión sobre la llegada de un totalitarismo mayor, si se puede decir de esta forma.
De ser aprobada, las próximas elecciones se ganarán por medio de “acordeones” del poder, para todo lo que siga, incluyendo cambiar la Constitución para lo que se les ocurra, de ocurrencia…
