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Este pasado fin de semana los mercados mostraron su terrible necesidad de querer creer en los milagros.

Durante algunas horas, el peso se recuperaba fuerte frente al dólar, casi 2%, porque desde el nuevo gobierno se dijo que la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) se mantendría.

Los ilusos quisieron ver en ese hecho una pequeña luz de sensatez y de congruencia. Cuando se dieron cuenta de que no se trataba más que de una estratagema de abogados para evitar una demanda de los tenedores de bonos en Estados Unidos, el peso se volvió a depreciar a los niveles de angustia que ha mantenido en estos tiempos.

Justamente la mala decisión de cancelar el NAIM provoca que hoy se pueda esperar lo peor del gobierno entrante. Que las decisiones sean caprichosas, no basadas en la lógica, dan razones de sobra para sospechar que viene mal la siguiente determinación que es el paquete económico para el próximo año.

De entrada, hay que disponer de recursos para los bonos de rescate que se están emitiendo para salvar a los inversionistas que compraron bonos del NAIM y para su costoso proceso de cancelación. Pero más allá de esto, hay que cumplir con la larga lista de gastos comprometidos. No por el candidato López Obrador, tampoco por el presidente electo, sino por el mandatario en funciones en sus discursos del sábado.

Tiene que quedar claro que el Paquete Económico que presente el primer mandatario, con el sello de la Secretaría de Hacienda, será prácticamente idéntico al que apruebe el Congreso. Sólo puede atorarse si se animan a proponer cambios constitucionales, porque todavía queda algo de oposición.

Vamos, quizá con fines cosméticos y de justificación de dietas se les permita modificar algunos puntos y comas, pero lo que calcule el Ejecutivo será lo que disponga el Legislativo. ¿Alguien ve al deslumbrado Porfirio Muñoz Ledo oponiéndose a este místico hijo laico de Dios?

Desde la tribuna del Palacio legislativo de San Lázaro y con la banda presidencial al pecho, el presidente López Obrador prometió disciplina fiscal, no gastar más de lo que ingresa, no aumentar impuestos y no aumentar la deuda.

Pero al mismo tiempo, desde ese mismo foro y desde su largo discurso en la plaza pública y con el bastón de mando en mano, hizo una larga y cara lista de compromisos de gastos.

Hay una contradicción muy clara que sólo se puede corroborar con las sumas y restas que hagan en el Paquete Económico.

La siguiente gran escala de la incertidumbre que ha generado este inicio de gobierno se dará con los detalles del Paquete Económico para el 2019.

Por lo pronto, los analistas que consulta mensualmente el Banco de México han deteriorado sus expectativas. Más inflación, menor crecimiento, mayores requerimientos financieros del sector público y definitivamente tasas de interés más altas y dólares más caros.

De hecho, la percepción de riesgos en el entorno económico de estos expertos se ha vuelto negativa como no se veía en prácticamente dos años.

Sábado 15 de diciembre es la fecha límite para la presentación del Paquete Económico del próximo año, son prácticamente 10 días de incertidumbre para saber qué parte del discurso presidencial se cumple: la de la responsabilidad fiscal o la de los gastos a manos llenas.

Por lo pronto, la cancelación del NAIM y todas las secuelas que ha tenido confirman que hay razones de sobra para la incertidumbre sobre la viabilidad del primer Paquete Económico del gobierno del presidente López.