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El 14 de mayo publiqué aquí un texto derivado de la conversación con un grupo de dueños de empresas sobre el momento político del país. Pronosticamos lo que podría sobrevenir después de las elecciones del 7 de junio. Concretamente, hablamos sobre 2018 y Andrés Manuel López Obrador. Él era quien les interesaba.

¿Puede ganar?, me preguntaron. Por supuesto, les dije. Sería una victoria por pasos. Comenzaría con la de Morena el 7 de junio. Ganar para Morena sería “empatar” con el PRD. Es decir, no perder por una diferencia de dos a uno ante el principal partido de izquierda. Ganar sería “pisar” el DF. Es decir, obtener dos o tres delegaciones y una presencia respetable en la Asamblea Legislativa. La gran victoria de Morena sería, en síntesis, marcar que no podrá haber candidato presidencial de izquierda más fuerte que López Obrador. Y que con él como emblema, el DF sería inexorablemente de ellos en 2018.

Al día siguiente, en un artículo derivado, pregunté quién lo podría derrotar. Propuse: 1. Un candidato fuerte, condición sine qua non (reconozco que no pensaba en un independiente). 2. Un trienio espectacular del gobierno de Peña Nieto, más un candidato fuerte del PRI. 3. Un candidato fuerte de un PAN en ascenso con un PRD como aliado subordinado y un PRI-gobierno disminuido. 4. Un PAN disminuido y una alianza PRI-PRD con un candidato fuerte (luego de los resultados de junio, hoy dudo de esa posibilidad). 5. Un inteligente, atractivo modelo de gobierno de coalición (figura legal que se aplicará en los comicios de 2018) que le cerrara el camino.

Se celebraron las elecciones y ahora llegan las encuestas de arranque. López Obrador está en primer lugar de preferencias, sin un contendiente claro a la vista. A tres años de las elecciones presidenciales del 2000 era Vicente Fox contra un supuestamente invencible candidato del Presidente de la República. En 2012 fue Enrique Peña Nieto contra el que le pusieran enfrente. Algo parecido ocurrió en 2006: López Obrador versus un valiente. Situación parecida a la de hoy.

Morena tiene al único candidato indiscutible. El PRI se juega parte de su destino estos días en que designe a su nuevo líder. El PAN está entontecido entre maderistas, anayistas, calderonistas, morenovallistas. En los hechos, el PRD no existe. Miguel Ángel Mancera sigue siendo una incógnita a mitad de su gestión. El Bronco, Los Broncos, no son necesariamente un fenómeno reproducible a escala nacional.

¿Quién puede, pues, derrotar a López Obrador? Lo pregunto por segunda vez: mayo, agosto. Y sin que haya nadie preocupado en hacer una campaña para romperle el ritmo, quitarle el impulso.

MENOS DE 140. Por la renta de una misma ambulancia, el IMSS paga al mes 30 mil pesos; Pemex, 54 mil, y Capufe, 64 mil ¿Y eso?

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