El achicamiento de las empresas puede ser temporal; dependerá de la calidad de gestión de sus directivos y de lo que hagan los competidores.

Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) tendrán menos peso en la economía mexicana y las finanzas públicas. Ésta será una de las consecuencias de la reforma energética.

Dejarán de ser monopolios y pasarán muchas cosas más. En el caso de Pemex, entregará el control de su red de ductos a otra entidad pública, el Cenagas. A la CFE le pasará algo parecido con sus torres de distribución y líneas de trasmisión, que pasarán al Cenace.

Junto con la pérdida de su condición monopólica, estas empresas perderán el privilegio de ser una voz dominante en la definición de la política energética. Se acaban las ambigüedades. La Secretaría de
Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Comisión Reguladora de Energía se encargarán de definir las líneas estratégicas. Pemex y la CFE deberán enfocarse en ser más empresas y menos entes políticos. Tienen mucha tarea, empezando por reducir pérdidas y mejorar el servicio a clientes.

La negociación de las leyes secundarias fue una prueba de lo que viene. El director de Pemex, Emilio Lozoya, no participó en las mesas de trabajo y el director de la CFE, Enrique Ochoa, tuvo un papel marginal. El secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, fue el conductor, acompañado de sus dos subsecretarios, Lourdes Melgar y César Hernández. En primer plano estuvieron el subsecretario de Ingresos de Hacienda, Miguel Messmacher, y el coordinador jurídico de la Presidencia, Humberto Castillejos, además de legisladores.

Como nota curiosa, los diputados y senadores del PAN tuvieron un rol protagónico. “Conseguimos desde la oposición la reforma que no pudimos lograr mientras estuvimos en el gobierno”, me dijo uno de ellos. Los
legisladores del PRI se vieron obligados por disciplina partidista a participar como testigos de piedra, “callar y apoyar fue nuestro papel”, reconoció uno de los participantes del tricolor. Fueron entre tres y cinco reuniones por semana, desde hace cuatro meses. La mayoría de las veces, en el edificio de la CFE que se encuentra casi frente al Senado.

El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, sólo estuvo en dos de esas reuniones; la última vez, la semana pasada. El nuevo papel de Hacienda fue un asunto que se trató varias veces en las reuniones. Por razones obvias, trascendía el papel del secretario Pedro Joaquín Coldwell. Las reformas traerán una disminución del peso de Hacienda en el sector energético. El público notará que a partir del 2015 no será la SHCP la que determine el precio de la gasolina y el diésel. Más trascendente, sin duda, será el final de su papel como sinodal de las decisiones de inversión de Pemex y la CFE. La definición de “empresas productivas del Estado” es un poco etérea, pero una cosa es clara: estas dos empresas tendrán capacidad de decidir su política de inversiones. Hacienda mantendrá su asiento en los consejos de Pemex y la CFE, pero perderá su voto de oro. ¿Podrá aprender a respetar las decisiones de los directivos de estas empresas? Ésa es una de las grandes cuestiones.

Pemex y la CFE se achicarán, pero seguirán siendo enormes. La petrolera es la empresa más grande de México y la CFE está en el top tres, junto con América Móvil. El achicamiento puede ser temporal, dependerá de la calidad de gestión de sus directivos y de lo que hagan los competidores. Suena rara esta palabra: competidores, junto a Pemex y la CFE . Bienvenidos a este nuevo mundo raro.

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