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Después de meses de debate y análisis sobre el momento exacto en el que la Fed hará su primer movimiento hacia arriba en la tasa de interés de referencia, todo parece indicar que esto sucederá en diciembre.

Aunque hasta hace unas semanas había bastante incertidumbre sobre esta posibilidad, las señales más recientes de los miembros del Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC) y la fortaleza de los datos de empleo de octubre han hecho que el mercado descuente este escenario como el más probable. Con esta situación, el centro de atención del debate ha comenzado a desplazarse hacia cuál será la trayectoria de alza de tasas de la Fed.

Aunque la Reserva Federal ha sido enfática en expresar que a pesar de una posible alza en el muy corto plazo mantendrá una postura monetaria expansiva, ya que la tasa de referencia se mantendrá debajo de los niveles normales durante un tiempo considerable; esto deja un amplio espacio para el debate.

En concreto, los especialistas tratan de pronosticar qué tanto y a qué ritmo subirá la tasa de referencia durante el inminente ciclo de alzas. Este debate es, sin duda, mucho más trascendente que el que se ha llevado a cabo sobre el momento del primer movimiento de alza.

De acuerdo con la última gráfica de puntos (dot chart) de la Fed, en septiembre —dicha gráfica revela la visión de cada uno de los miembros del FOMC sobre dónde estarán las tasas en diferentes periodos— la mayoría de los miembros del FOMC anticipa que las tasas se ubiquen entre 1 y 2% al cierre del 2016.

Durante el 2016, la Fed tendrá ocho reuniones de política monetaria y el escenario que el consenso de mercado tenía asimilado es que la entidad probablemente realizaría incrementos de 0.25% en cuatro de las ocho reuniones, llevando la tasa a fin de año a un nivel cercano a 2 por ciento.

Sin embargo, para algunos observadores, la percepción es que la Fed está detrás de la curva y que la pendiente de la trayectoria de alza en tasas durante los próximos 12 meses tendrá que ser más pronunciada de lo anteriormente esperada.

Para estos observadores, la debilidad en los datos del mercado laboral en agosto y septiembre fueron una excepción y los datos de octubre son una reflexión más fiel de la dinámica en el mercado laboral. Para los que están en este lado del debate, la Fed podría verse forzada a subir la tasa hasta un nivel entre 3.0–3.5% antes del cierre del 2016.

Sin embargo, para otros especialistas, hay tres factores altamente influyentes que harán que la Fed mantenga una trayectoria mucho más gradual. Primero, las presiones inflacionarias se mantienen ausentes y la fortaleza del dólar en conjunto con la caída de los precios de los commodities hacen difícil anticipar un brote inflacionario.

Segundo, a pesar de que los datos de empleo de octubre fueron robustos y que los salarios por fin comenzaron a subir, pareciera que el mercado laboral aun mantiene cierta holgura —reflejada en la baja tasa de participación y los índices de subempleo— como para no convertirse en una fuente importante de inflación en el mediano plazo.

El tercer y probablemente más importante factor es el entorno internacional y la fortaleza del dólar.

Una trayectoria de alza que no sea realmente gradual provocaría una mayor apreciación del dólar que detonaría salidas de capitales aun mayores para varios mercados emergentes y una nueva caída en los precios de los commodities, probablemente provocando una recesión global.

La Fed no puede perder de vista el entorno internacional y más cuando la economía global sigue siendo frágil y otros bancos centrales se ven forzados a seguir inyectando liquidez.