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México tendrá tres zonas económicas especiales, anunció el presidente Peña Nieto en noviembre del año pasado. La iniciativa para la creación de estas zonas se presentaría en febrero del 2015, prometió el mandatario.

El plazo se venció. La propuesta no ha llegado. ¿Qué tanto es mes y medio, dos o tres meses, si ya vamos tarde? En el mundo existen 3,500 zonas económicas especiales. La primera se estableció en 1959 en el Aeropuerto Shannon de Dublín, Irlanda.

El concepto no despegó hasta que China lo adoptó como parte de su política de desarrollo industrial. La primera zona en China fue Shenzhen, que se convirtió en un polo de captación de inversiones y de desarrollo industrial. Ahora hay decenas de zonas especiales en China, aunque el concepto abarca un conjunto heterogéneo: unas zonas son de libre comercio, otras de inversión extranjera y hay 53 especializadas en alta tecnología.

¿Cómo serán las zonas económicas especiales en México? El encargado del proyecto es Abraham Zamora, director de Banobras y uno de los funcionarios más cercanos al secretario de Hacienda, Luis Videgaray. En una primera descripción se habló de incentivos fiscales, apoyos financieros e inversiones en infraestructura para detonar tres de las zonas más pobres de México: el corredor interoceánico de Tehuantepec; la zona sur de Chiapas y la zona cercana al puerto de Lázaro Cárdenas, ubicado en los límites de los estados de Michoacán y Guerrero.

Lo explicado hasta ahora no basta para valorar un proyecto tan ambicioso. Los postulados generales no bastan porque son más bien el enunciado de buenas intenciones. Hace falta saber qué tan agresivos serán los incentivos fiscales; cómo funcionarán los apoyos financieros y cuál es el plan de inversiones en infraestructura. ¿Habrá una cereza en el pastel para superar a los competidores internacionales?

Todos esos detalles deben estar contenidos en la iniciativa. Con ellos en sus manos, los inversionistas decidirán si apuestan por tres regiones del país que hasta ahora no han sido capaces de atraer proyectos empresariales que generen empleo y riqueza.

En vez del proyecto legislativo, hemos tenido pocos foros y muchos artículos especializados. Esto enciende el tablero de señales. La experiencia internacional nos indica que este tipo de zonas tiene baja probabilidad de éxito. De las 3,500 zonas económicas especiales que hay en el orbe, menos de 50 han sido éxito rotundo. Cientos de ellas han sido un fracaso.

El retraso en la presentación de la iniciativa podría ser una señal de pérdida de entusiasmo por parte del Ejecutivo federal. Las zonas económicas especiales fueron anunciadas en el contexto de una las peores rachas de imagen para el presidente y su equipo. En ese momento, había una urgencia de temas interesantes con los cuales dar la vuelta a la página.

La urgencia sigue existiendo, pero también hay necesidad de concretar los grandes planes anunciados. No hay una receta para el éxito, pero sí denominadores comunes en los fracasos: discontinuidad en las políticas públicas; ausencia de una propuesta clara de valor para las empresas y desvinculación con respecto a las características y necesidades de las regiones.

¿Cuándo retomará el presidente el tema? Más allá de la presentación de la iniciativa, es imprescindible que se envíe el mensaje de que las zonas económicas especiales cuentan, que no fueron una ocurrencia.