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Cuando va a ser despedido un empleado del sector público o del privado -que posee información relevante-, lo primero que hacen las áreas administrativas es retirarle los equipos de cómputo, cancelarles los accesos a los medios informáticos y retirarlo de las instalaciones en el momento mismo en que se le notifica, sea de manera verbal o por escrito.

Pero con Marx Arriaga, el ex director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, no sólo se apertrechó en las oficinas por más de 100 horas luego de que se anunció su salida, sino que todavía se dio el gusto de firmar 105 nombramientos de personas que trabajaban con él por honorarios.

Ojo, no acuso, sólo emito una opinión ciudadana, pero esa actitud de Arriaga semeja mucho a los de administradores y contadores a los que se les despide y nos les da tiempo de cuadrar las cuentas o desaparecer cualquier evidencia de posibles irregularidades.

De igual manera, como mera opinión: ¿qué estaba escondiendo Marx Arriaga? ¿o a quién protegía? como para impedir que las instalaciones, mobiliario y documentación fuera recuperada por la institución.

No, esto no es que haya querido quedarse con la dirección como algo patrimonial o, como a la vieja usanza de las alas más radicales de la izquierda comunista en las universidades, que se negaban a dejar el poder a corrientes moderadas.

Ya está fuera Marx Arriaga y, en un acto más simbólico que nada, tomó su cuadro de Carlos Marx, su mochila y abordó el Metro y un autobús para irse a Texcoco. Hoy ya está en Chihuahua.

Lo que sigue o debería seguir, más allá de la comedia que escenificó Arriaga, es ahondar en una auditoría a su área.

Mentira que Arriaga no haya querido salir de las oficinas porque no recibió notificación alguna. Una nueva directora fue nombrada y él permanecía en las oficinas.

Arriaga fue señalado por algunos trabajadores de actos de extorsión, ya que supuestamente pedía moches o favores… el ex director de Materiales Educativos rechazó tales imputaciones.

Más aún, reveló en diversas entrevistas, que varios empresarios se acercaron a él para ofrecer sobornos con el fin de obtener favores. Aseguró que denunció esos hechos ante el Órgano Interno de Control de la Secretaría de Educación Pública.

El área a cargo de Arriaga no es menor. Está encargada de la elaboración de contenidos de los Libros de Texto Gratuito que se entregan en todas las escuelas del país.

Es un negocio de miles de millones de pesos. No implica que Arriaga estuviera ligado directamente a la distribución, pues su tarea es la de diseñar contenidos.

Por ello habría que saber qué tipo de alcance económico tuvo la gestión de Arriaga, más allá de lo administrativo. Las asesorías multimillonarias han sido una práctica en la elaboración de los libros de texto gratuitos.

De otro modo no se entiende por qué se le dio tanto tiempo para abandonar sus oficinas y permitir el sainete en el que, supuestamente, todo fue porque se negó a modificar contenidos e integrar a mujeres que han sido clave en la historia de México.

Arriaga asegura que su salida fue por su negativa a cambiar los contenidos y acusó que lo que se quiere es regresar a la “vieja escuela” en los que prevalecen los negocios editoriales y de grandes empresarios.