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¿Qué calificación le pondrían ustedes al rescate de Pemex? No quiero espoilear este artículo, pero le adelanto que en el sexenio pasado la mayor empresa de México tuvo pérdidas por el equivalente a 600 millones de pesos diarios y registró una caída de 334,000 barriles diarios en la producción de crudo.

Hablamos del “rescate” de Pemex porque ese fue uno de los grandes proyectos de AMLO. La petrolera fue una parte central de su narrativa y uno de los rubros consentidos en el presupuesto. Recibió recursos por alrededor de 1 billón y medio de pesos entre 2019 y 2024, en forma de apoyos fiscales y transferencias presupuestales.

El billón y medio de pesos no fue el único salvavidas que le lanzaron a Pemex. Se cambiaron las reglas del juego para nulificar los órganos reguladores que le “oprimían”; se hizo todo lo posible para desanimar a los competidores privados y se relajaron los controles relacionados con emisiones de contaminantes y prevención de accidentes.

¿Qué resultados tuvo la estrategia de apoyos? Por dónde empezar… Si ponemos la lupa en los resultados financieros de Pemex, debemos prepararnos para entrar a un terreno metafísico: ¿la empresa está viva o es un zombie? En los seis años del gobierno de AMLO perdió alrededor de 1.3 billones de pesos. En promedio, algo más de 200,000 millones de pesos por año.

¿Está viva una empresa que tiene un capital contable negativo de tal tamaño que parece un agujero negro? En el caso que nos ocupa, los pasivos superan a los activos por la friolera de 1.55 billones de pesos. El pasivo laboral asciende a 1.4 billones de pesos y la deuda con proveedores supera los 400,000 millones de pesos. En estos días en los que todas las conversaciones empiezan o terminan con Donald Trump, hemos perdido de vista la situación de los proveedores de Pemex. De manera extraoficial, se sabe que hay varios miles de millones de pesos que falta por agregar a los 400,000 millones antes citados. Las Secretarías de Hacienda y Energía trabajan en un paquete de soluciones que incluirá la participación de algunos bancos.

Mientras la solución llega, la situación es desesperada para los eslabones más débiles de la cadena de proveeduría. Muchos de ellos están en el sur. Si la ventana a la que nos asomamos es la de los resultados operativos es evidente que no se cumplió con la meta de llegar a los 2.5 millones de barriles diarios producidos, anunciada al arrancar el sexenio. Pemex arrancó el sexenio produciendo 1 millón 813,000 barriles y lo concluyó con 1 millón 479,000 barriles. Con estas cifras a la vista, podríamos afirmar que tampoco se cumplió con el objetivo de detener la caída de la producción.

Una parte de los esfuerzos de Pemex se dedicó a las refinerías. Todos tenemos en mente la famosa Dos Bocas, también conocida como Olmeca, pero debemos considerar que hubo un trabajo de rehabilitación de las otras seis refinerías que integran el sistema nacional de refinación. Pasamos de procesar 620,000 barriles diarios en 2018 a 905,000 barriles procesados a fines de 2024. El incremento es significativo, superior al 45% y para algunos es motivo de celebración, pero… en refinación tenemos la parte que explica la mayor parte de las minusvalías de Pemex. Tan solo en los primeros nueve meses de 2024, Pemex Transformación Industrial reportó pérdidas de 482,000 millones de pesos. De la refinería Olmeca, sabemos que no termina de cumplir con lo que eran sus objetivos. En diciembre de 2024, produjo 47,000 barriles diarios, aún muy lejos de los 177,000 barriles prometidos. Muy poca producción para un proyecto faraónico. El costo final no se conoce, pero en el aire está la cifra de 20,000 millones de dólares. Muy superior a los 8,000 millones originalmente presupuestados.

¿Qué hará el gobierno de Claudia Sheinbaum con Pemex? Se mantiene la narrativa, pero ha cambiado la forma de trabajar. El director Víctor Rodríguez Padilla tiene una mayor coordinación con las Secretarías de Energía y Hacienda. Los apoyos presupuestales y fiscales siguen, pero difícilmente alcanzarán los montos que tuvieron en el sexenio pasado. Las deudas de Pemex siguen siendo el foco rojo más grande, pero no hay que menospreciar los problemas operativos: la caída en la producción y la baja productividad por empleado están ahí.

Hay muchas preguntas cuya respuesta nos dará una idea de lo que pasará con una empresa que es la mayor de México y que ha sido el mayor contribuyente fiscal. ¿Cuándo estarán resueltos los pasivos con proveedores? ¿Qué pasará con la calificación de la deuda de Pemex y el riesgo de contagio a la deuda soberana del gobierno federal? ¿Podrá la administración de Rodríguez Padilla darle la vuelta a la crisis operativa? ¿Encontrarán la solución al huachicoleo y al contrabando, que cuesta decenas de miles de millones de pesos al año? El rescate no funcionó. No ha terminado.