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“Dos gardenias” está cumpliendo 70 años. Es el mejor bolero cubano y este viernes de diciembre me trae briznas de ternura de mi infancia, cuando mi madre lo cantaba para alegrar nuestras tardes, mientras lavaba la ropa bajo el sol de Vueltabajo.

Mi madre también lo cantaba en las noches, cuando nos cortaban la luz y tarareaba para espantar al soldado español sin cabeza que mis hermanas y yo creíamos ver en la oscuridad: un jinete que erraba por la sabana hacía un siglo, buscando el paraje donde un mambí lo había decapitado en la guerra.

“Dos gardenias” siempre instaló un reino de alegría en aquella sombra amarga que podía ser la realidad cubana de finales de los sesentas en el interior de la isla: cuando la Gran Utopía empezaba a clavar los horcones del cuartel de invierno en que luego se convirtió Cuba.

Tiene 70 años de haber sido registrado en el libro VII, folio 124, de la Asociación Cubana del Derecho de Autor en Cuba. Lo escribió Isolina Carrillo, una habanera que murió en 1996, autora también de otros clásicos, como “Miedo de ti”, “Canción sin amor”, “Increíble”…

Pero la joya mejor de Isolina Carrillo es “Dos gardenias” y se inspiró en la desilusión de un joven negro colombiano, a quien daba clases de música en La Habana, que tuvo un romance con una chica blanca y lo abandonó por el color de su piel, dejando su corazón acosado por las dudas y las decepciones.

La han interpretado Daniel Santos, Antonio Machín, Avelina Landín, Ángel Canales, Omara Portuondo, Victoria Sur, Ángel Canales, Pedro Vargas, Barbarito Diez, Rosa Carmina, María Rita, Dyango, Lucrecia, Sole Giménez, Ibrahim Ferrer, El Cigala…

Prefiero, entre todas, la de Daniel Santos: especialmente aquella versión que grabó con la Sonora Matancera para el sello musical “Columbia”, con arreglo de Dámaso Pérez Prado. Una preciosura que tiene una novedad especial: el bandoneón de Joaquín Mora, un músico negro argentino.

La de El Cigala es exquisita porque el piano que suena lo toca Guillermo, el patriarca de los Rubalcaba, una gran familia de músicos cubanos, cuyo hijo Gonzalito es considerado por “Piano & Keyboard” el pianista vivo más importante del jazz.

Aunque lo inigualable en la versión de El Cigala es su sonoridad: además del piano del viejo Rubalbaca, trae el ritmo de los percusionistas Changuito y Tata Güines, el trompetista Manuel Machado y del contrabajista Yelsy Heredia, todos cubanos.

Sin embargo, a mí, “Dos gardenias” me recuerda más a la poesía que a la música. En especial a “Poema con muchacha”, una pieza que Raúl Rivero le dedica a Eliseo Diego:

Cuando tú llegues a mi edad

yo me habré ido

cuando pasé por la tuya

tú no estabas.