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A la 4T le encanta presumir la fortaleza del peso frente al dólar, como si se tratara de un triunfo de sus políticas de gobierno.

Cada vez que salen a relucir los temas económicos, donde lo que hay son datos desastrosos, desde la tribuna mañanera se apela a la paridad cambiaria como un logro. Y cuando se agota el tema, pues salen a escena las rifas para distraer al pueblo.

La realidad es que no hay una sola acción gubernamental en estos 14 meses de gobierno a la que se le pueda atribuir el haber generado apetito por tener pesos mexicanos en los portafolios.

Al contrario, hay contracción en muchas decisiones de inversión directa. Y la ratificación y firma del acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México es herencia, no manufactura, de la 4T.

Pero la clientela del actual gobierno es fácil de convencer. Por ello compran sin chistar que la fortaleza del peso es sinónimo de que vamos requetebién. Poco querrán saber del carry trade que traen no pocos inversionistas con el peso mexicano.

Es así de fácil, la tasa interbancaria de la Reserva Federal de Estados Unidos está en torno a 1.75%, mientras que la tasa de referencia del Banco de México está en 7.25 por ciento. Así que, si alguien pide un crédito en dólares en Estados Unidos, habrá de pagar una tasa baja por ese dinero prestado.

Ese inversionista, con unos cuantos botones, compra esa moneda de alta operatividad y de un país con un bajo nivel de riesgo país, como es México y cambia sus dólares por pesos. Con esa divisa en la cartera, compra deuda en pesos que le dejará al menos ese 7.25 por ciento.

Paga su deuda barata en dólares, goza de altos rendimientos en pesos y en su momento se regresa al billete verde en un espacio de estabilidad cambiaria. Si repentinamente ve que la ventana de estabilidad cambiaria empieza a cerrarse, hace la operación de huida en, literalmente, segundos.

Por eso es contradictorio que los mismos que festinan la fortaleza del peso manden ahora esos mensajes, con letras enormes, sobre cómo las altas tasas de interés del Banco de México frenan la economía.

La inflación de enero fue convenientemente baja, el Índice Nacional de Precios al Consumidor se ubicó en 3.24% en términos anuales, esto abre espacio para una baja adicional en el costo del dinero por parte del banco central.

Pero hay conciencia entre los tomadores de decisiones de política monetaria, al menos de una mayoría, de que acelerar el paso en la baja de la tasa de referencia puede alterar, entre otras cosas ese equilibrio cambiario.

Lo ideal, claro, sería tener una moneda fuerte por razones internas, por la fortaleza económica, por las oportunidades de inversión y por la enorme confianza que genera el gobierno sobre el respeto a las instituciones y a los capitales. Pero mientras eso no exista, hay que saber que pegarle al avispero de ese jineteo de los mercados puede causar movimientos bruscos en la paridad que afecten las finanzas nacionales.