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Difícil comentar un discurso como el del primer/tercer informe del presidente López Obrador. Es una invitación al optimismo y a la credulidad, más que una relación de hechos de gobierno. En realidad, es una metáfora: una representación de lo que el Presidente quiere que sea el país y que crean los mexicanos.

Es el mecanismo inherente a la tradición de los informes presidenciales mexicanos. El Presidente describe ahí un país que los ciudadanos en general no conocen, un país extraño, lleno de logros y promesas, con algún honesto reconocimiento de fallas, y una cascada de cifras de difícil comprobación, normalmente medias verdades o mentiras completas armadas con argucias estadísticas.

La precisión y los hechos no importan mucho. El verdadero mensaje es declarar la grandeza en marcha de México por boca de quien la está construyendo desde el puente de mando.

No se trata de un acto de rendición democrática de cuentas o de un diálogo público con la ciudadanía. Es un acto de exaltación del gobierno y una invitación a creer en el gobernante.

La credibilidad del discurso depende de la popularidad del presidente en turno. La de López Obrador es alta todavía, pero no tanto como creen él y sus creyentes.

Hay otras encuestas, pero la más reciente de Mitofsky pone su aprobación en 62%, igual a la de Fox en su momento, menor en 4 puntos a la que tenía antes de su primer informe Felipe Calderón y solo 4 arriba de Peña Nieto.

Sus atributos personales de cercanía y honestidad son calificados muy alto, arriba de los ochentas la primera. Pero la calificación de sus políticas y de la eficacia de su gobierno son bajas. Solo el 46% cree que disminuirá la corrupción, solo 33.4% cree que disminuirá la pobreza, 30% cree que combate bien a la delincuencia y solo el 16.7 cree que hará regresar la paz al país.

No son precisamente las cifras de un país feliz que ha visto cambiar su historia para bien y para siempre. Solo tienen sentido para quienes creen que las cifras dicen algo, porque viven en el mundo anterior al que ha sido transformado sin medida en estos inmedibles meses.