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El escenario ideal para un país emergente con baja recaudación fiscal es mantener sus finanzas en equilibrio y no aumentar sustancialmente su deuda con respecto al tamaño de su Producto Interno Bruto.

Sin embargo, si se usa adecuadamente y de manera moderada, el dinero prestado puede ser una buena forma de conseguir más crecimiento, aunque siempre hay un costo financiero que pagar.

El paquete económico que el gobierno federal contempla para el próximo año no respeta la ortodoxia de las lecciones aprendidas a finales de los 90 y no busca el equilibrio fiscal, al menos no durante los siguientes tres años. Sin embargo, el Ejecutivo tampoco amenaza las finanzas del país con su propuesta.

Si algo ha mostrado el gobierno de Peña Nieto es su eclecticismo político. En la reforma energética se dejó llevar de la mano del PAN para tirarse hasta la derecha del capital privado y juntos confeccionaron una apertura que fue tan ambiciosa que llevó a un amante del capitalismo del tamaño de Ernesto Zedillo a decir que ni en sus más salvajes sueños pudo haber imaginado algo así.

Pero al mismo tiempo, calzó los zapatos de la izquierda y con su llamada reforma fiscal dieron cuenta de una cátedra de gravámenes a los cautivos que extasió a las gradas progresistas. Ahí se inscribe también la estrategia de más deuda y más déficit para privilegiar el gasto.

El grito del no al IVA en medicinas y alimentos es un balazo en el pie para corregir el enorme boquete evasor que muchos grandes contribuyentes han encontrado en el impuesto al consumo. Pero el grito político es parte ya de los valores del gobierno actual.

Con el pretendido aumento a los salarios mínimos que estaría por llegar, podrían dar vida a otra de las etéreas teorías progresistas de tolerar algo de inflación en el nombre del aumento salarial.

Falta ver si el Banco de México no pega de brincos con esa cada vez más cercana posibilidad.

Y claro que también están las contribuciones políticas del PRI de toda la vida de dar rienda suelta a programas sociales de enorme relumbrón.

Pero en el tema presupuestal, la realidad es que el gobierno federal tiene buen margen de maniobra con su plan económico del 2015. El desbalance propuesto no parece ser lo ideal, máxime cuando estamos cerca de las turbulencias del final de las tasas de interés en cero en Estados Unidos, pero al menos hay un privilegio por la inversión productiva sobre el gasto corriente.

No hay que olvidar que los requerimientos financieros del gobierno no se contabilizan en la estimación del déficit, pero son pasivos que ahí están y pesan.

Y también hay que mantener la deuda en su relación con el PIB en un punto donde se hagan necesarios premios muy altos a los inversionistas acreedores.

Si no hay un evento geopolítico que afecte la economía global el 2015, pinta para ser un año más dinámico y de altos montos de inversión, sobre todo extranjera.

Pero la disciplina fiscal es algo que no tenemos que olvidar nunca más en este país. Esa conducta disciplinada está inscrita en una ley que obliga a la responsabilidad fiscal. Y si bien laxaron la ley para dar margen de maniobra al actual gobierno, no hay que perder ese gran valor de la economía nacional, si no queremos volver a pagar las consecuencias.