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En su viaje de diciembre del año pasado al DF, la opositora venezolana Lilian Tintori buscó una cita con el presidente Peña Nieto. No tenía el viento a favor. Su esposo Leopoldo López cumplía 10 meses en prisión, las protestas contra el régimen de Nicolás Maduro se apagaban y los gobiernos de América Latina solapaban con indiferencia una cadena de atrocidades en Venezuela.

La oficina de Los Pinos se disculpó. Ni en secreto el Presidente recibiría a esa bella mujer de 37 años que, súbitamente, había heredado la responsabilidad de ser la portavoz esencial de los venezolanos amenazados y perseguidos. Una mujer mesurada, con personalidad propia, discurso, sensibilidad. Lilian Tintori era un riesgo para un Presidente que había optado por no molestar ni con un suspiro al Caracas dictatorial.

Entre septiembre y octubre, tras reunirse con el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, y el primer ministro francés, Manuel Valls, Lilian volvió a intentar una cita con el presidente Peña Nieto. Ni siquiera le contestaron.

El domingo en la tarde, cuando se perfilaba el triunfo de la oposición en las urnas, en el sube y baja de las emociones, en ese cruce de imágenes del ayer y el futuro que traen consigo las victorias titánicas, Lilian le dijo a la reportera Lourdes Murguía: “Necesitamos que el gobierno del presidente Peña Nieto se pronuncie. ¿Cuánto más tiene que pasar para que se pronuncie? ¿A cuántas personas más tienen que matar para que se pronuncie? Los líderes democráticos del mundo se tienen que pronunciar, y si no lo hacen, son cómplices de Nicolás Maduro, avalan violaciones a los derechos humanos, avalan intimidaciones, avalan el uso abusivo del poder para ir contra el pueblo, no con el pueblo”.

No lo hizo. La oposición venezolana ganó dos terceras partes de las posiciones en el Congreso de Venezuela. Ha sido una gesta de dimensiones históricas. No sólo vencieron a una dictadura de facto, también a la hostilidad encubierta de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos. El del priísta Peña Nieto en primerísimo lugar.

Lilian es hoy una figura de resonancia mundial que, probablemente, crecerá hasta convertirse con Leopoldo López en símbolos de valor, inteligencia, civilidad y grandeza de América Latina en la primera mitad del siglo XXI.

Qué oportunidad dejó ir, Presidente. Prefirió caminar con los Castros, Evos, Kirchner, que con esta mujer que acaso querría decirle que las torpezas y rudezas de Maduro estaban consiguiendo el imposible de unir a antichavistas con chavistas. Que quería transmitirle la certeza de que ceder al miedo o al fatalismo no apaciguaría a Maduro y sus gorilas.

Cuánta razón tenía Lilian. Por eso, y por más que usted apele a la real politik, ¿no se le cae la cara de vergüenza, Presidente?

MENOS DE 140. Peña Nieto perdió una gran oportunidad de un nuevo liderazgo en América Latina: el opositor venezolano, Henrique Capriles.

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