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La primera impresión tras escuchar a un sereno, seguro vocero Eduardo Sánchez, era de que había un aprendizaje del presidente Peña Nieto y su gobierno.

Lejana quedaba la imagen del Presidente con ojeras que, pese a no tener de qué informar, salió a dar un mensaje la noche del 29 de octubre tras una reunión de cinco horas con los padres de los normalistas de Ayotzinapa. Aquella vez se quitó la corbata para buscar algo de empatía con las víctimas. Se dejó ver desencajado, nervioso, triste. Vencido. Como si él hubiera matado, uno a uno, a los 43. Lo de ayer fue muy distinto.

La reunión duró menos de tres horas y el Presidente estaba bien preparado para recibir a 110 personas del bando de Ayotzinapa con un “estamos del mismo lado, buscamos lo mismo”. A cada petición, él respondería con un sí, con un “en esas estamos”, o con un prometedor “vamos a hacerlo”. El objetivo parecía ser tratar de desdramatizar.

Si los padres y sus especialistas demandaban mantener abierto el caso, el Presidente respondería que no está cerrado ni habrá carpetazo. Si exigían una unidad de investigación que replanteara los expedientes, se anunciaría una fiscalía dentro de la PGR. Si insistían con la participación de organizaciones, la contestación sería un “de acuerdo”. Si pedían respeto al dolor, se afirmaría que el dolor es compartido; si había quejas por falta de atención a las víctimas, se darían órdenes para atenderlas mejor. Y así. Que se haría todo para que haya verdad y justicia.

Los padres, sin embargo, entendieron otra cosa. Regresaron rápidamente al Zócalo para denunciar que el gobierno había sido indiferente con ellos. Que incluso los había maltratado. Que van a ser una piedra en el zapato del presidente Peña Nieto. Que, desgraciadamente, hay mujeres como la procuradora Arely Gómez que no tienen corazón. Que el gobierno sólo les da largas y los confunde. Que pasó un año y nada saben de su hijos. Y que siguen creyendo que los tienen los militares.

Una de las madres que tomó el micrófono en la plaza sentenció con radicalismo ejemplar: “El gobierno tiene que escoger, o está con el pueblo, o está con la delincuencia organizada, y ya vieron que somos víctimas del gobierno”.

No, Presidente: a juzgar por lo que dijeron saliendo de la reunión de casi tres horas, ellos no quieren estar del mismo lado que usted, les ofrezca lo que les ofrezca. No quieren creer ni van a creerle.

Y falta el sábado 26. Claro que después, la situación tenderá a desdramatizarse. Eso indicaría la lógica y eso parece que ya también lo aprendió el gobierno del presidente Peña Nieto. Que México es más grande que la desgracia de Ayotzinapa. Así sea la desgracia de una generación.

MENOS DE 140. Esa no fue su actitud en la reunión (comentario en Los Pinos y Bucareli sobre los discursos de los padres en el Zócalo).

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