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Lo malo de que el precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, diga que no perdería un solo votante, aun si le dispara a alguien a la mitad de la Quinta Avenida, es que realmente lo cree.

Este personaje tiene tiempo ya que dejó de ser una anécdota folclórica del proceso preelectoral de Estados Unidos, para convertirse en todo un factor de alarma y de análisis en los balances de riesgo que se hacen sobre el comportamiento económico y financiero de ese país y del mundo.

No lo encontraremos en un comunicado de la Reserva Federal en la lista de los peligros económicos, pero todos aquellos que pueden decirlo sin ser acusados de intervenir en el proceso electoral estadounidense, lo dirán: president Trump es un peligro.

Ya era preocupante que le subiera el tono al debate en temas tan sensibles como libre comercio o migración, pero la posibilidad real que hoy existe de que sea el presidente número 45 del país más poderoso del mundo pesa en el ánimo de muchos nerviosos participantes de los mercados.

Una de las primeras y más famosas ofertas de campaña de este precandidato es la expulsión de 11 millones de indocumentados y la construcción de un muro en la frontera con México, que por cierto le cobraría al gobierno de nuestro país.

La American Action Forum, que es un centro de investigación de centro derecha sobre temas de política y economía, calculó que el costo de llevar a cabo esta promesa de campaña costaría hasta 600,000 millones de dólares y le costaría al Producto Interno Bruto de Estados Unidos el equivalente a 1,600 millones de millones de dólares.

Otra de las banderas de este populista de derecha es la cancelación de los acuerdos comerciales del tipo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Ahí plantea aplicar impuestos a la importación. Por ejemplo, a los automóviles hechos en México quiere imponer un arancel de 35 por ciento. Además del derrumbe que implicaría para la principal industria manufacturera de nuestro país, sería un golpe contundente a los consumidores de su propia nación, porque hoy acá se hacen autos que allá simplemente no se fabrican.

Otra de las aberraciones que hoy toman en serio las firmas de análisis y que empiezan a señalar en silencio es el plan fiscal que propone Donald Trump.

Empresario como es, planea un crecimiento económico a través de los incentivos fiscales para los emprendedores, menos impuestos para las empresas, menos impuestos para las personas. Su expectativa es lograr tasas de crecimiento para la economía de su país superiores a 4 o 5 por ciento.

Lo que no quiere ver mister Trump es que provocaría una caída drástica en los ingresos tributarios y con ello un déficit fiscal de proporciones devastadoras.

Lo único que dice es que recortará gastos, pero no aclara cuáles son dispensables. Sobre todo cuando lo único que ha refrendado es mantener los planes de salud de Barack Obama.

Donald Trump no es un chiste. Este hombre concentra hoy 41% de las intenciones del voto republicano, de acuerdo con la más reciente encuesta de CNN-ORC. Más del doble de su más cercano competidor Ted Cruz, quien tampoco tiene un discurso moderado.

Del otro lado, Hillary Clinton mantiene la ventaja demócrata sobre Bernie Sanders.

El tema por ahora no es quién gane la nominación republicana o quién gane la presidencia en noviembre. Es el miedo, la angustia y el nerviosismo que causa en los ya alterados mercados financieros el hombre que cree que podría quedar impune ante un asesinato en plena Quinta Avenida de Manhattan.