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En el año 2000, la edad promedio de la población mexicana era 22 años. En 2025, esa edad promedio ha llegado a los 29.6 años. Los expertos en demografía nos dicen que eso significa que ya no somos un país joven. ¿Se acuerdan del bono demográfico? Estamos a punto de agotarlo. En el 2030, en México habrá más personas mayores de 60 años que niños en el grupo de edad de 0 a 14 años.

Las implicaciones de este cambio son enormes. El presupuesto federal ya dedica 2 billones de pesos a pensiones de adultos mayores. Eso es alrededor de 20% del total; como porcentaje, es más del doble de lo que se destinaba al comenzar el siglo. Más allá de las pensiones, el gasto y la inversión pública deberán destinar más recursos para desarrollar la infraestructura y los servicios que requiere la población de la tercera edad. Ahora son 17.9 millones. En 2020, eran 7.5 millones.

¿Qué significa este nuevo panorama demográfico para las empresas? Una de las mejores respuestas corresponde a Marina Cigarini, socia senior de McKinsey en México. “Las empresas deberán cambiar muchas de las prácticas que tienen en recursos humanos. Estamos pasando de una situación en la que tenían mucha población joven disponible a uno en el que habrá menos… esto tiene implicaciones enormes en sueldos, pero, sobre todo, debe traer una nueva cultura enfocada a lograr mayor productividad”.

Lo que dice Cigarini lleva implícita una verdad incómoda: la abundancia de mano y mente de obra joven fue propicia para generar un círculo vicioso. En la medida en que las empresas encontraban mucha gente disponible con sueldos relativamente bajos, no tenían muchos incentivos para enfocarse en subir dramáticamente la productividad.

Los números son brutales. La productividad en México subió apenas 0.2% anual entre 1998 y 2023. Este crecimiento es uno de los más bajos del mundo y ayuda a explicar las bajas tasas del Producto Interno Bruto. En el mismo periodo, China incrementó su productividad a una tasa de 7.9% anual e India lo hizo al 5.1 por ciento.

Estamos lejos de los más dinámicos, pero también lo estamos del desempeño de nuestra región, que es la que tiene menor crecimiento de productividad en el orbe. En América Latina y el Caribe, el crecimiento anual de la productividad entre 1998 y 2023 fue 0.8% (cuatro veces más alto que en México). En una de las regiones más pobres del mundo, África Subsahariana fue 1.1% (5.5 veces mayor que el de México). Los datos fueron presentados por Andrés Cadena, en el McKinsey Forum de la Ciudad de México.

¿Es la transición demográfica un problema o parte de la solución? Las empresas tendrán que adaptarse a la nueva realidad, afirma Cigarini. Muchas de las grandes llevan años haciéndolo y hay países donde los cambios sustantivos en la productividad se explican por el “jalón” que producen un grupo de grandes empresas tractoras. “Hay países donde estamos hablando de cien empresas que hacen la diferencia”, me explica la especialista. El mayor reto está en las medianas y las pequeñas. Son inversiones en tecnología y cambios para simplificar los procesos.

¿Conseguiremos dar el salto en la productividad? Necesitamos hacerlo. La diferencia entre el sí y el no es enorme, de acuerdo con lo expuesto por los expertos de McKinsey. El PIB de México ahora es de 1.4 billones de dólares. Si nuestra productividad siguiera creciendo al ritmo actual, no llegaríamos a 1.6 billones en el 2020. Si la tasa de productividad subiera a un ritmo de entre 1.7 y 2.6% anual, superaríamos los 2.0 billones de PIB anual en el 2040. La diferencia entre hacer las tareas o seguir la inercia tiene que ver con un crecimiento de 30 o 40% en 15 años. Son 500,000 millones de dólares, ¿a poco no podemos?