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Visité la exposición de Gabriele Münter en el Museo Thyssen-Bornemisza. No conocía a la pintora expresionista nacida en Berlín en 1877 y fundadora de Der Blaue Reiter, un grupo de artistas con sede en Múnich. Más allá de su impresionante obra pictórica, dibujos, grabados y de sus reveladoras fotografías celebré su valentía y transgresión. En una sociedad cerrada donde las mujeres debían actuar con sumisión y obediencia Gabriele alzó su voz y remó contra corriente. Aplicó a la Academia de Bellas Artes de Múnich —en esa época no se permitía la entrada a las mujeres— y le negaron el ingreso. Fue aceptada en la escuela de arte Phalanx (La falange) donde el pintor Vasily Kandinsky era el director y daba clases. Gabriele mejoró su técnica y decidió salir de Múnich para pintar lo que vería en sus múltiples viajes. Hizo cosas prohibidas para las mujeres: andaba en bicicleta, pintaba, tuvo una relación amorosa con su maestro Kandinsky y viajó con él —a pesar de estar casado—. Condujo su vida con una libertad impensable para la época. Como Münter era una amante de la fotografía, Kodak, que comercializaba en Estados Unidos y en Europa sus primeras cámaras portátiles (Bull’s Eye) promovió en su publicidad a un prototipo nuevo de mujer: independiente, creativa y viajera. Durante la Primera Guerra Mundial se exilió en Escandinavia y más tarde viviría en Colonia, Berlín, Múnich y Murnau mostrando una facilidad para adaptarse y tomar sin prejuicios lo nuevo y lo diferente.

Veintiséis años antes, en 1851, nacía en La Coruña Emilia Pardo Bazán. Escritora de novelas, ensayos, teatro y poesía. Periodista, editora y conferencista. Consideró que la mujer no debía estar restringida en su aprendizaje —en esa época se limitaba a la economía familiar—. La universidad estaba vetada para las mujeres así que recibió una instrucción en idiomas, literatura y humanidades desde su casa. La ciencia y la filosofía las estudió a través de la biblioteca y los amigos de su padre. Voz del naturalismo español, afiló su pluma para defender los derechos de las mujeres. Escribió La tribuna, una novela social en la que encarna a una mujer proletaria y trabajadora, Amparo. Ambientada en la revolución de 1868 en una fábrica de tabacos, cuenta la vida cotidiana de la clase trabajadora y el contexto político y social de la época. Amparo se convierte en una líder entre las trabajadoras de la fábrica defendiendo los ideales republicanos. La novela escandalizó a su marido y le pidió que dejara de escribir, no quería que los lectores supusieran que su esposa simbolizaba el personaje de Amparo, esa mujer valiente con bandera revolucionaria. Emilia decidió separarse de su esposo y mantuvo una relación epistolar y más tarde amorosa con Benito Pérez Galdós.

Si bien faltan décadas para dejar de hablar de brechas de oportunidad entre hombres y mujeres, rindo tributo a esas hembras inteligentes y de inmensa valentía que allanaron el camino para construir una mejor sociedad.