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La señora Presidente debe ser buena jugadora de póker o de cualquier otro juego de apuestas sobre la mesa: sabe decir “paso” ante una reto engañoso, y no da indicios del juego que trae en sus cartas. Al troglodita Donald Trump le traiciona la emoción cuando se siente con buenas barajas en la mano.

Es evidente que mañana sábado no entrarán en efecto los aranceles del veinticinco por ciento para todas las exportaciones de México hacia los Estados Unidos: el guacamole y los nachos para el Super Bowl están asegurados. Según le aclaró Howard Lutnick, a punto de ser confirmado por el Senado como secretario de Comercio de allá a la comisión encargada de evaluarlo, las tarifas que Trump tiene en mente son de dos tipos: las políticas y las económicas.

Las políticas tienen el clarísimo objetivo de presionar a los gobiernos de Canadá y de México a fin de que tomen medidas claras para contener la producción y el tráfico de fentanilo hacia los Estados Unidos, y para que “nuestros socios dejen de faltarnos al respeto”; las otras están orientadas a la renegociación del tratado de libre comercio entre los tres países, el llamado T-MEC. Esa está programada para el año próximo, de acuerdo a su texto.

Los aranceles de la presión política, según Lutnick, no entrarán en vigor mañana porque hasta donde él sabe, ambos países “están actuando rápido, y si siguen así no habrá aranceles”.

Algo sabía la señora Presidente cuando dijo que ella dudaba de los castigos en la fecha perentoria, pero si se llegaba a hacer su gobierno tiene un plan de acción que dará a conocer en su oportunidad.

No es motivo de júbilo. Entre las muchas similitudes que la conducta de Trump tiene con López Obrador es la convocatoria a “portarse bien”. Lopitos lo reptió hasta el cansancio: los delincuentes deberían portarse bien o los acusaría con sus abuelitas. Hay medios que se portaron bien con él, y otros que no.

La diferencia es que los mexicanos no tenemos abuela para que nos acusen sino economía que puede ser dañada. Lutnick enfatizó que el Departamento de Comercio y su representante ante el T-MEC van a estudiar, de aquí a finales de marzo, cómo cambiar la estructura arancelaria de ese tratado. Y ahi sí no hay refugios para migrantes levantados a troche y moche, ni destrucción de narcolaboratorios que valgan: se impondrá la capacidad negociadora de cada uno de los países y sus intereses.

De una forma u otra, la amenaza de esos gravámenes sigue pendiente. La señora Presidente no debiera esperar a que se dictaminen; requiere tener listas las respuestas. A juzgar por sus afirmaciones, parece estar muy segura ante los avisos de que hay viene el lobo para cuando la bestia realmente se aparezca. También nos da evidencias de que su conducta merece -en la tarjeta de calificaciones que lleva el pelipintado- razonablemente buenas calificaciones. Faltaba más. Encima de ello, los norteamericanos, no solamente su oligofrénico presidente, saben muy bien que los aranceles a las exportaciones causan daño inevitable al consumidor final de los productos, de un lado y otro de la raya.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no se puede entrar sin tapabocas): Otra similitud entre Trump y Lopitos: la culpa es del anterior. Según el peritaje de aeronáutica del Presidente de los Estados Unidos, el avión de pasajeros y el helicópero militar que chocaron sobre Washington lo hicieron por culpa de Biden. Sus políticas de diversidad e inclusión -esto es permitir que transexuales y homosexuales pudieran trabajar en la aviación- fue la causa del desastre. Y lo que habremos de oír todavía.

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