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¿Qué es lo que hoy se puede extrañar del Banco de México bajo la batuta de un personaje como Agustín Carstens

Algo que él mismo sintetizó en esta frase: “la credibilidad es el activo más valioso de un banco central; se gana con acciones congruentes y se mantiene con una comunicación clara”.

Congruencia, técnica y buena comunicación que ni siquiera sus detractores del régimen actual le pueden regatear a Carstens, porque esas cualidades son un consenso mundial en torno a este personaje.

Hoy el Banco de México no es congruente, definitivamente le falta influencia a su comunicación y hace dudar de que las capacidades técnicas, que ciertamente tienen los integrantes de la Junta de Gobierno y sus equipos, sean efectivas para cumplir con sus metas.

El Banco de México vive la realidad de muchas instituciones del país, el yugo autoritario del régimen le dejó dos caminos: la docilidad, como el INE o la CNDH, o la destrucción, como el Poder Judicial.

Pero aun con la autonomía en aparente hibernación, es posible escuchar voces congruentes y críticas del banco dentro del propio banco.

Congruente, gran técnico, pero con limitados accesos a una comunicación masiva, Jonathan Heath, subgobernador del Banxico, puede hablar con libertad en el podcast de Banorte a un público selecto. Pero los funcionarios del banco solían hablar en los noticieros más vistos de la televisión.

Desde septiembre del año pasado, explica Heath, el banco central mantenía una trayectoria para la inflación que no resultaba creíble, que estaba por debajo del consenso del mercado, de las encuestas de los analistas, incluso por debajo del más optimista de los expertos.

Y, aun con la corrección reciente y su expectativa renovada de convergencia de la inflación general con 3% hacia la segunda mitad del 2027, es una visión que sigue por debajo del consenso hasta de los más optimistas.

Y a ese mercado, con esa incredulidad generalizada de que no se pueda cumplir con la guía futura de una inflación de 3% sino hasta dentro de cuatro, cinco o 10 años, le llega la señal encontrada desde el corazón mismo de la Junta de Gobierno de no saber si la siguiente baja de la tasa de referencia puede llegar en la reunión de marzo.

Eso se puede interpretar como una incongruencia del Banxico con su misión exclusiva de garantizar el poder de compra de la moneda, por alguna presión de las autoridades fiscales a las que claramente les beneficia que bajen las tasas de interés para aligerar el costo del financiamiento público.

Es también una aparente falla técnica, porque no se han analizado del todo otros determinantes de la inflación, más allá de los tradicionales.

Y es, sin duda una falla en la comunicación, porque la voz que lidera al Banco de México es tímida, utilitaria y reservada para los canales cómodos para el régimen.

Banxico se encuentra en una encrucijada, junto con muchas instituciones del país, donde la técnica parece ceder ante el poder de la política. Extrañar la era de Carstens no es nostalgia por el personaje, es el anhelo de aquella fortaleza institucional de una Junta de Gobierno que hablaba para los mercados, no para Palacio.

La corrección reciente y la expectativa renovada de convergencia de la inflación general con 3% hacia la segunda mitad del 2027, es una visión que sigue por debajo del consenso hasta de los más optimistas.